Eliza Hablar con Jonathan había sido difícil y doloroso, a pesar de que ya intuía cuáles serían los resultados. Pero, aun así, enfrentarlo había sido una experiencia desgarradora. Sin embargo, eso no era lo peor. Decírselo a mis padres había sido el verdadero golpe. Ver sus rostros cambiar, primero a incredulidad y luego a un dolor que reflejaba el mío, me había dejado rota. Ahora estaba sentada en el borde del sofá, mirando el teléfono como si fuera un objeto maldito. Llevaba más de veinte minutos intentando reunir el valor para hacer la llamada. Decirle a Lewis era el último paso, pero el más difícil. Sabía cómo iba a reaccionar, y estaba aterrorizada. ―Mi amor― Jonathan rompió el silencio desde la otra esquina del cuarto, donde había estado intentando darme espacio. Su voz era suave,

