Eliza Hace dos días tuve mi primera sesión de quimioterapia. En aquel momento, apenas sentí nada. Quizás estaba demasiado ocupada tratando de mantenerme fuerte, aferrándome a la idea de que podía atravesar esto sin que me destruyera. Pero ahora... ahora todo es diferente. El dolor de cabeza es constante, como un martilleo que no cesa, y mi cuerpo parece una sombra del que era hace solo unas semanas. Cada músculo está cansado, pesado, y siento como si me hubieran arrancado la energía desde la raíz. Es apenas el comienzo, lo sé. Sé que con cada sesión los efectos secundarios serán más intensos, más implacables. Esta es solo la antesala, el aviso de lo que está por venir. Realmente me siento agotada, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Hay algo aturdidor en esto, como si estu

