Un grupo de aves negras rondaban un sector en el bosque, algo que no significaba nada bueno en el territorio de la manada Seyzer, por lo cual sus habitantes se hallaban a la espera de malas noticias, aunque por dentro rezaran para que nada de eso ocurriera con sus familias. La leyenda decía muy claro que cuando en una manada de lobos las aves de la muerte rondaban los bosques, algo muy malo estaba a punto de ser sabido, y esto no era algo que afectara especialmente a nadie allí, no a los dueños de la casa donde Amanda, la omega del soberano había dado a luz. Ekant se encontraba mirando al cielo muy concentrada, temiendo que algo malo estuviera rondando y acechando de nuevo por allí, que la maldad se acercara cada vez más a ellos. Tomó el crucifijo que tenía colgando del cuello y lo besó

