Ian despertaba casi todas las noches con pesadillas sobre el rapto de Amanda, como si acabaran de ocurrir, algo que le tenía tenso a más no poder, sus nervios ya no aguantaban más. No sabía si en realidad le seguían o su imaginación era demasiado buena. Se encontró de frente con Bells, la amiga gatuna de la omega desde hacía varios años. Sonrió en cuanto la vio, pues seguro fue ella la encargada de despertarle con sus no tan sutiles patas de terciopelo. La mascota se paseaba por su cama a diario, como si fuera la propia en vez de la de un humano, la evidencia eran sus pelos en todas las prendas e incluso en los instrumentos que tenían a su disposición para las acciones más básicas, como cocinar o limpiar. La felina se fue aprovechando cada vez más de toda la casa, haciéndola su territor

