Eliza Fitzy narrando:
Después de poner todo en las cajas, algunas personas que contratamos nos ayudaron a moverlos al camión de mudanzas. Había muchas cajas, todas con mis objetos personales, había cajas con libros y objetos de trabajo.
Me despedí de mis hermanos y con mi auto seguí al camión de mudanzas hasta mi departamento más nuevo. Después de unas horas finalmente todo estaba repartido por mi habitación, hoy no tocaré nada, mis cuñadas me ayudarán mañana a empacar todo. Pero para evitar todas esas cajas en el camino, empiezo a cargar algunas y a juntarlas todas, para que no se dispersen y no se interpongan en mi camino.
Me recogí el cabello en un moño suelto, ya estaba cansada de levantar esas cajas, algunas de ellas eran bastante pesadas.
Escucho el timbre y voy a contestar.
Era una niña, parecía de cinco años, era negra y tenía el pelo trenzado, era muy bonita.
— ¡Ey! — digo sonriéndole.
— Hola, les traje este pastel de bienvenida. — dice entregándome una caja, la parte de arriba era transparente, para que se viera el delicioso pastel de chocolate.
— Gracias. — Hablo y veo cuando una chica pelirroja sale del apartamento de enfrente.
— Malu, te dije que me esperaras. — le dice a la niña que sonríe traviesa. — Sea bienvenida.
— Gracias. — Hablo. — tu hija es muy bonita y simpática.
— Gracias, pero ella no es mi hija. — dice. — Soy su niñera.
— Oh, lo siento. — Hablo.
— No hay problema, a Malu la cuido como si fuera realmente mi hija. — dice abrazando al niño que sonríe.
— Muchas gracias por el pastel, ¿no quieres entrar y comer conmigo? — Pregunto. — ahora no te preocupes por el desorden, acabo de traer mi cambio.
— Si no te importa. — dice la chica. — Soy Sophia.
— Encantado de conocerte, Sophia, soy Eliza. Él sonrió. — Encantado de conocerte también, Malu, eres muy hermosa.
— Gracias tía, también eres muy hermosa. — ella dice.
— Gracias. — Él sonrió.
Al rato entraron y nos comimos todo ese pastel, Sophia era un poco tímida y hablaba poco, pero Malu hablaba mucho, la niña charlaba horas.
Fueron muy buena compañía, les confieso que Malu me caía muy bien, hablaba muy bien y parece ser una chica muy inteligente. Cuando se fueron decidí que yo también me iría, hoy cenaría en casa de Joana y dormiría allí, mañana iremos a casa de Victoria y la recogeremos a ella ya Luna para que podamos ir todas a mi apartamento.
Salgo del edificio y me dirijo hacia la casa de mi hermano, cuando llego me atiende el mismo hombre que solo vestía pantalón de chándal y con Maya en su brazo derecho, en su hombro izquierdo tenía un pañal de tela.
— Buenas noches, padre de familia. — digo entrando — ¿Dónde está el bebé de la tía Liza?
Maya sonríe y se lanza hacia mí, sonríe tomándola del brazo, huelo su cuellito y eso la hace soltar una sonora carcajada.
— Joana está poniendo la mesa, quédate con ella para que suba y me bañe. — Él dice. — Maya terminó escupiéndome, huelo a leche agria.
Hago una mueca y le digo que se vaya.
— Buenas noches, cuñada. — digo entrando a la habitación con Maya dejando escapar un chillido de felicidad.
— Buenas noches, Eliza. — dice ella sonriendo. — Maya te ama.
— Soy la tía favorita de todos mis sobrinos. — digo sonriendo. — ¿No es así, mi amor?
Cubro el rostro de Maya con besos y ella cierra los ojos mientras coloca sus dos pequeñas manos sobre mi rostro y se ríe.
— Ni siquiera parece que estuviera llorando antes de que llegaras. — dice Juana.
— ¿Por qué estaba llorando? — Pregunto.
— Solo para llamar la atención. — Habló. — as veces terminamos mimándola demasiado y termina poniéndose bastante astuta.
— No puedes hacer eso, es demasiado feo. — Le digo que me mira sería y hace un ruidito con la boca como si hablara. — Así es, no puedes estar haciendo una rabieta.
— Me parece interesante que todos ellos, todos tus sobrinos, te escuchen. — dice Joana — los haces reír y se vuelven locos por ti, seguro que algún día serás una gran madre.
— Ahí vas de nuevo con esas cosas de niños. — digo sentándome en la silla con Maya aún en mi regazo, ella ve los cubiertos en la mesa y sigue tratando de conseguirlos. — no puedes bebé, te lastimarás.
— Está bien, no diré más sobre eso. — dice, levantando las manos en señal de rendición. — pero me muero porque suceda, porque sé qué sucederá.
— Sueña, soñar, no cuesta nada. — Hablo.
— Estoy listo, estoy limpio, huelo y sé bien. — dice Cristian apareciendo.
— Grasiento, querrás decir. — Hablo para burlarme de él.
— Aburrido. — él dice. — dame a mi hija.
Lo mismo atrapa a Maya que voluntariamente va a los brazos de su padre.
— Eres la niña de papá. — dice sentado en la silla frente a mí, con ella en su regazo frente a él. — nunca dejará a papá.
— Solo quiero ver cuándo tiene la edad suficiente para tener citas, y empezar a hablar y traer chicos aquí. — Digo, pero parece que estaba apuñalando a mi hermano.
Cristian me mira con los ojos muy abiertos y luego a su hija quien sonríe colocando sus manitas a ambos lados de las mejillas de su padre, Maya se le acerca y comienza a recorrer con su boca todo el rostro de su padre dejándolo todo babeando.
— Nunca vas a tener una cita, ¿verdad? — le pregunta a Maya quién chilla. — No vas a dejar a papá.
— Has despertado al padre celoso que habita en mi marido. — dice Joana, sentándose a su lado y tomando a Maya de su regazo. — relájate amor, Maya solo tiene un año, le tomará mucho tiempo encontrar novio.
— No me ayuda en absoluto. — él dice. — un día, ese día llegará.
— Pero va a tomar un tiempo, así que cálmate. — ella dice.
— Solo quiero ver esto. — digo sonriendo. — Marius será el primero en volverse loco, después de todo, Helena ya se está convirtiendo en una adolescente, y ya sabes cómo son los adolescentes.
— Me alegro de que Maya todavía vaya a llegar tarde, tengo tiempo para prepararme. — dice mi hermano respirando hondo mientras se pasa la mano por el pecho.
Ojalá Maya sea la versión femenina de mi hermano en un sentido de besuqueo, Cristian pagará por todos sus pecados.