Fue hermoso. Ver a Franciszka, la chica que conozco desde que tenía diecisiete años, sacando una bala de los pulmones de un hombre con la más firme de las manos mientras él se retuerce de dolor, retorciéndose debajo de ella. Me doy cuenta de que la bala no atravesó el pulmón, pero aun así fue muy impresionante. —¿Alguna novedad? —pregunta mientras empieza a coserlo. —¿Sobre qué? —Mi padre y el circo mediático que le rodea. ¿Te refieres al que creé hackeado la nube de esa pobre mujer sólo para satisfacer mis tendencias sanguinarias? Sólo me satisfago ligeramente el ver a Apoloniusz cagando ladrillos delante de toda su familia mientras intentaba explicar ese titular. Tengo planes mucho más grandes para él, y los iba a ejecutar. Pronto. —Todavía estoy trabajando en ello. —Un poc

