—No puedes respetar ambas leyes.— explicó él. —Ya lo sé.— murmuré mirando por la ventana cabizbaja.— Pero no puedo elegir. —¿No?— le miré con el ceño fruncido, él no se giró hacia mí porque llevaba los ojos clavados en la carretera.— ¿Quién tomará más represalias, tu tío o unos italianos que ya te han amenazado abiertamente? —Tienes razón...— sin embargo eran las reglas que menos me gustaban.— Supongo que tendré que formalizar mi relación con Rafael. Hablando del rey de Roma, mi teléfono comenzó a vibrar pero al ver que era Rafael quien llamaba colgué. Quizá si hubiesen dejado que nuestra relación avanzase siguiendo un ritmo natural y adaptado a lo que nos hiciese sentir cómodos a nosotros, hubiésemos llegado a querer tener un vínculo serio; pero no era el caso. Sentía un rechazo tr

