Las manos de Eros viajaron por el escote de mi camisa, y de vuelta a mis caderas, me seguía acariciando el cuello esta vez con los labios, sentí como pasaba su lengua después de depositar un pequeño beso en esa zona, sus manos viajaron a mis piernas y me sostuvo para ponerse de pies y sentarme en mi escritorio, sus beso quemaban en mi piel, no pude evitar soltar un gemido al sentir sus dientes clavarse en mi clavícula, dejó dos besos más en el valle de mi escote, y luego volvió a su lugar en mi cuello, no sé si me estaba imaginando el ronroneo o no, pero no quería que esto fuera un sueño, este dio un mordisco en mi cuello, haciendo que me sintiera más acalorada y deseosa por él, lo quería así como estaba pero mi deseo era algo y mis dudas eran otra cosa, y el deseo me estaba ganando en est

