TRECE

2482 Words
⭐︎SOLANGE⭐︎ Me cuelo entre los bastidores. Preparo una excusa sobre estar perdida de camino al baño, en caso de que alguien me interrogue, pero nadie me interroga porque nadie piensa que una mujer sea una amenaza en este lugar. Somos simplemente objetos de deseo, y como llevo el vestido adecuado que muestra cada centímetro de mí, soy prácticamente invisible. Entre bastidores no se parece en nada al restaurante y al club. Atrás quedó el lujo, la opulencia. En su lugar hay paredes de ladrillo, suelos de cemento y muchos cables y suciedad. También es muy ruidoso con los sonidos de la cocina filtrándose por los pasillos, así como los sonidos de los artistas caminando de un lado a otro mientras hablan en muchos idiomas diferentes. Camino por un pasillo oscuro y lúgubre, echando un vistazo a las pequeñas habitaciones a su paso. Los camerinos están bien iluminados, pero amueblados con lo que parecen escritorios y sillas de metal usados, sacados de una escuela primaria. Definitivamente no se hizo ningún gasto adicional en esta parte del club. Alguien me grita en francés, pero simplemente sonrió y me dejan pasar. Para cuando miro a la mitad de las habitaciones, estoy empezando a perder la esperanza de encontrar a la mujer desnuda y al guardaespaldas. Es entonces cuando los veo. Están de pie en un rincón al final del pasillo, enfrascados en una conversación. Me dejo caer al suelo, fingiendo atarme un zapato, aunque mis tacones altos no tienen cordones. Escucho y puedo oír fragmentos de su conversación. Puedo asumir que el guardaespaldas está al mando y que la mujer desnuda es un simple peón víctima de tráficos s****l, pero es obvio que ella es la que está al mando, y es el guardaespaldas grande y corpulento quién le tiene miedo, en lugar de ser al revés. —La traemos aquí— ordena la mujer con un marcado acento francés. —El jefe dijo que no armemos una escena. La llevamos a su hotel— argumenta el guardaespaldas con acento ruso. Le Getleman’s Club es como las Naciones Unidas. Todos son de un país diferente. —No. Hombre ridículo— insiste la mujer desnuda. —La traemos aquí y acabamos con ella. Tiene un talento para escapar. Mira lo que le hizo a ya-sabes-quién en San Francisco— Jadeo fuertemente. San Francesco. Un talento para escapar. Estan hablando de mí, y aquí estoy yo a unos metros de ellos fingiendo atarme los tacones altos. ¿Por qué había venido tras bambalinas sola? Daniel no tiene ni idea de donde estoy y no puede salvarme. Estoy a solo unos metros de ser asesinada. Me levanto lentamente y me alejo de ellos. Doy unos pasos, esforzándome por ser lo más silenciosa posible. Siento un ligero toque en el hombro y me doy la vuelta. Es la mujer desnuda. —Gracias por hacerme esto fácil— dice con una mueca de desprecio. Se ve increíblemente hermosa y terriblemente peligrosa al mismo tiempo. —Lo siento. Estaba buscando el baño de mujeres. Debí haberme perdido. No volverá a suceder. Adiós— digo, sonriéndole de forma no amenazante. Doy otro paso, pero la mujer desnuda me agarra con fuerza de la muñeca. Es mucho más fuerte de lo que parece. —Suéltame. Me estás haciendo daño— suplico. —Llevémosla a mi camerino— le dice la francesa sin pelo al guardaespaldas. Me arrastran a una habitación pequeña, y me quedo impresionada de como la mujer desnuda puede equilibrarse tan bien. con sus altísimos tacones. Cierran la puerta y me empujan sobre una silla de metal de escuela primaria. —Estaba buscando el baño y me perdí. Necesito volver con mi novio. Se enfadará conmigo. A papi no le gusta que la bebe no este cerca para darle besitos de mariposa— miento con voz de niña, tratando de salvarme. No parecen convencidos. Me doy cuenta de que sería un buen momento para gritar. Así que grito. Grito fuerte, como una estridente sirena antiaérea, pero la mujer desnuda me interrumpe abofeteándome tan fuerte que oigo un fuerte crujido y veo estrellas. Me toco la mejilla dolorida con la mano y me quedo boquiabierta ante la violencia contra mí. Un destello pasa por mi mente. Un hombre, seguro de sí mismo y cruel. En mi mente, puedo verlo claro como el día, pero no puedo distinguir su rostro, y el me abofeteó. El terror al pensar en él es mayor que el terror que siento encerrada en la habitación con una mujer desnuda y el guardaespaldas, pero el dolor de la bofetada de la mujer desnuda es significativamente mayor que el dolor que la imagen me trae a la mente. Hay una pista ahí, pero no sé cuál es, y no tengo tiempo para pensar en ello, porque el guardaespaldas saca una pistola de su chaqueta y la está apuntando. —Espera un minuto— digo, agitando los brazos. —¿Por qué me quieres muerta? ¿Quién eres? ¿Eres el asesino en serie? — —No necesitas saber sobre el asesino en serie— dice la mujer desnuda —Eso está por encima de tu nivel salarial. Mátala— le dice al guardaespaldas. Pronuncio, “Mátala” como “Magtala” lo que por alguna razón me parece gracioso, y me río a carcajadas. En fin, el acento francés. Eso sorprende al guardaespaldas, lo que molesta a la mujer desnuda. Se da la vuelta para amonestarlo, y aprovecho ese momento para saltar, agarrar la silla de metal y golpear la cabeza del guardaespaldas tan fuerte como puedo. No soy una mujer fuerte, pero resulta que no tengo que ser tan fuerte para noquear a un hombre con una silla de metal. Cae al suelo como una tonelada de ladrillos y queda inconsciente. Ahora es el turno de la mujer desnuda de sorprenderse. Me mira con la boca abierta, como si no pudiera entender como una mujer estúpida había logrado pensar rápido y actuar aún más rápido. —Has estado con demasiadas mujeres desnudas. Eso te ha hecho descartar a las mujeres como seres humanos e iguales a cualquier hombre— la reprendo, señalándola con el dedo. La mujer desnuda cierra la boca y entrecierro los ojos. Prácticamente puedo ver como la rabia crece en ella. Ruge con fuerza, agacha la cabeza como un toro en una corrida y carga contra mí. Intento apartarla, pero es muy fuerte. Se abalanza sobre mi como un jugador de futbol americano y me agarra por detrás y me estrella contra la pared de ladrillos. Gruño cuando el aire abandona mis pulmones. Cuando recupero el sentido, levanto los brazos en alto y los bajo con fuerza como martillos, golpeando a la mujer desnuda en la espalda. Funciona. La mujer desnuda me suelta, pero solo por un momento. intento correr hacia la puerta, pero la mujer desnuda ruge de nuevo y salta en el aire. Observo con horror como la mujer desnuda prácticamente se abre de piernas en el aire y, cuando vuelve a caer, sus piernas rodean mi cuello, lo que me da una vista desagradable de la v****a sin vello de la mujer desnuda. Qué manera de morir, pienso. Asfixiada hasta la muerte por la v****a de una mujer francesa. ¿Podría haber algo peor? Es una forma humillante de morir, pero no me concentro en la humillación durante mucho tiempo porque me están estrangulando hasta la muerte y siento que empiezo a perder el conocimiento. Así que es así como voy a morir, me doy cuenta, sin ninguna respuesta sobre quien soy o que me había sucedido en un túnel bajo el bosque de secuoyas. Y a esas preguntas se suma por que la bailarina exótica desnuda quiere matarme con sus muslos tonificados. Bueno,naces, creces, te secuestra un asesino en serie, la vida es una perra y luego mueres, pienso. Es el último pensamiento consciente que tengo. ⭐︎DANIEL⭐︎ Irrumpo en el pequeño camerino. Había visto a Solange ir tras bambalinas y había interrumpido mi conversación con Pierre para seguirla. Adonde iba Solange, normalmente el desastre la sigue. No tengo ninguna duda de que se meterá en problemas solo en este nefasto club. Y vaya, tenía razón. Cuando empujo la puerta, entro corriendo en la habitación y tropiezo con el cuerpo postrado de uno de los matones de Pierre. Aterrizo de bruces, golpeándome la nariz y haciéndome sangrar por todo mi traje. Cuando me limpio la sangre de la cara, noto que una mujer desnuda ha envuelto sus piernas alrededor del cuello de Solange y la está asfixiando hasta la muerte. Me seco los ojos y parpadeo un par de veces, seguro que tengo algún tipo de conmoción cerebral o me había dañado los nervios ópticos en la caída. Porque una mujer desnuda está asfixiando a Solange con su hoochie. Es la primera vez que presenció o incluso oigo hablar de este tipo de técnica de asesinato. Tengo que admitir que estoy impresionado. Si ella no estuviera a punto de matar a Solange, de quien me he encariñado, podría haberme sentado y observar porque probablemente es una experiencia única en la vida. Pero los ojos de Solange se han puesto en blanco y no parece que este respirando. La mujer desnuda tiene un coño mortal, y Solange no vivirá mucho tiempo en este mundo. Entro en acción. Golpeo a la mujer desnuda con fuerza, dándole un puñetazo en un lado de la cabeza. Normalmente, no me gusta golpear a las mujeres, pero esta es una situación de vida o muerte, así que tengo que dejar de lado mi aversión a golpear a las mujeres y dejarla recibir un golpe como un palo en el cráneo. Pero la mujer desnuda es más fuerte de lo que pensaba. Ella absorbe el golpe y continúa apretando a Solange hasta matarla. La golpeo de nuevo, esta vez con todas mis fuerzas, retirando el brazo y soltándolo. Funciona. El golpe es fuerte con un fuerte crujido, y ella cae al suelo, liberando finalmente a Solange. Corro hacia Solange, mientras ella tose y farfulla, agarrándose la garganta con la mano. —¿Estás bien? — —No estoy bien. Una mujer intentó matarme con su v****a— jadea. —¿Por qué? ¿Por qué hizo eso? ¿Te burlaste de ella porque no tiene vello púbico? No todos tienen los folículos pilosos que tú tienes, Solange. No deberías burlarte de ellos— Solange me mira con los ojos fruncidos. —¡Ja, ja! ¡Que gracioso! ¡Cuidado! — Oigo un rugido de rabia y me doy la vuelta justo a tiempo para ver a la mujer desnuda saltar por los aires. Lo siguiente que se es que sus piernas están alrededor de mi cuello y que tengo la boca llena de su hoochie. —¿Qué estás haciendo? — exige Solange. —Te estoy salvando— logro decir, a pesar de que la mujer con sus muslos extraordinariamente poderosos está aplastando mi tráquea. Me desplomo en el suelo bajo su peso, incapaz se defenderme del ataque. —Sálvame mejor— exige Solange. —Sálvame mucho mejor— —De acuerdo…Lo siento… Asesinato… Muerte… No puedo… respirar…Asesina…Hoochie— digo con voz estrangulada. Siento que la conciencia comienza a desvanecerse. —¿Quién demonios dice hoochie? — pregunta Solange. —Madura. No uses nombres cursis para las partes del cuerpo. Es una v****a. Llámala v****a— —Va…gina— digo, con la voz apenas un susurro. He llegado al final de mi oxígeno y estoy a punto de morir. Ni en un millón de años, el superespía Daniel Stone, nunca pensó que moriría de esta manera. De hecho, ni siquiera sabía que era posible morir de esta manera. En este momento, casi creo que es mi agencia de espionaje la que me está matando, como venganza por retirarme temprano. Y qué manera de vengarse. Muerte por hoochie. O, mejor dicho, muerte por v****a, me corrijo por si acaso Solange puede leer mis últimos pensamientos. Cuando estoy a punto de dar mi último suspiro, por el rabillo del ojo veo a Solange tomar una silla de metal y balancearla tan fuerte como puede contra la cabeza de la mujer desnuda. La silla funciona con asombrosa precisión y eficiencia. Se escucha un estruendo cuando la silla hace contacto con el cráneo de la mujer. Sus ojos se ponen en blanco y mientras cae al suelo y pierde el conocimiento. Probablemente para siempre. Su cuerpo se estira frente a ella, rígido como una tabla, liberándome. Sus piernas apenas hacen pequeños movimientos de mariposa y luego ya no se mueve. Solange mira el cuerpo de la mujer. —¿La maté? — —No te preocupes. Estoy bien— digo, frotándome el cuello. —Nunca he matado a nadie antes. Al menos no creo haberlo hecho. Me siento muy mal por esto, así que no creo haber matado a nadie nunca— —Si, creo que me recuperaré— digo, revisándome el cuello en busca de huesos rotos. —No creo que haya ningún daño permanente en mi tráquea, así que no te preocupes por mi— —Tal vez debería hacerle RCP— dice Solange, mirando a la mujer desnuda y sin vida. —Aunque tengo la nariz rota, pero fue totalmente culpa mía— continuo. —Pero me la han roto tantas veces que realmente no importa si se vuelve a romper. ¿verdad? — —Creo que se RCP. Pero ella ve más allá de la RCP. ¿Qué opinas? — pregunta Solange. —De nada por salvarte. No lo menciones y no te entusiasmes conmigo— Solange finalmente aparta la mirada de la mujer muerta. —¿Salvarme? Lo estaba haciendo muy bien— —Si, claro— digo. —El hoochie de esa mujer te estaba derribando— —¿Volvemos a lo del hoochie de nuevo? — Me encojo de hombros. —No puedo evitarlo. Cada vez que pienso en v****a, oigo a mi madre diciéndome que la llame hoochie— —¿Hablas de v*****s con tu madre? — Solange levanta la mano con la palma hacia adelante. —No respondas a eso. No quiero saber— Me pongo de pie y estudio el cuerpo sin vida de la mujer desnuda. —Sin RCP— digo con seriedad. —Esta más muerta que un clavo, pero el matón está despertando y creo que deberíamos largarnos de aquí antes de que nos asesinen otras partes del cuerpo más efectivas. ¿Qué te parece? — Los ojos de Solange se abren de esa manera adorable que tiene, como si el mundo fuera nuevo y emocionante, y quisiera comérselo con una cuchara. —¿Podemos pedir una hamburguesa? — pregunta de repente. La rodeo con el brazo y salimos del camerino. —Te compraré una hamburguesa. Y ¿Sabes que? Creo que eres la mujer de mis sueños—
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