Mi madre me ha amamantado con su pecho izquierdo, delante de Nacho, mientras él jugaba con el derecho sin importarle que yo estuviera allí. Y ella lo ha permitido. Y todo esto es una locura. Una perversa y morbosa locura. Estoy completamente asombrado por el entreguismo que Sugey demuestra ante los dos. Es como si en su interior estuviera disfrutando de esta perversión tan asombrosa que al mismo tiempo que la asusta, también la excita. Y por eso la miro, para intentar observar algo dentro de ella que me indique que todo estará bien. Pero lo único que soy capaz de percibir al mirarla es a una Diosa perfecta del olimpo que se deja amar por su hijo delante de un examante que ha estado estrujando uno de sus pechos sin ninguna vergüenza. Delante de un tipo que está jugando con mi mente y co

