—¿Me estás diciendo que quieres embarazarme, hijo? —me pregunta Sugey horrorizada. Sus ojos azules se expanden. Nacho tiene una cara de asombro e incredulidad que no puede con ella—. ¡¿Quieres que engendre un hijo tuyo?! La observo atentamente. La puerta continúa abierta detrás de mí. Solo necesito decidirme para largarme de allí cuanto antes. Todo depende de la elección de Sugey. Nacho, mientras tanto, se recarga en un mueble del recibidor con las cejas levantadas. Mamá suspira profundamente. Los resuellos hacen que sus obesos pechos se balanceen lentamente. —Creo que eso fue lo que dije, Sugey, ¿quieres una vida juntos? Entonces concédeme lo que te pido. Quiero un hijo tuyo. —¡Pero yo soy tu madre, Santiago! ¿Cómo puedes pedirme algo así? —Si te lo hubiera pedido Nacho seguro se lo h

