—Claro que las digo, hija —afirma mi madre con las mejillas coloradas, al tiempo que Lucy se detiene a mi lado y clava sus ojos claros en mi pene rosado que está más tieso que una pata de palo—, pero yo soy mayor que tú y puedo hacerlo. Tú, en cambio, no estás en edad ni para decir esas vulgaridades ni para expresarte de ciertas formas con Santi, que te recuerdo que pase lo que pase es tu hermano mayor. Y, por favor, querida, te recuerdo que aborrezco que me llames Sugey. Aunque te cueste, yo soy tu madre y tienes que llamarme como tal. —Está bien, Sugey —dice Lucy encogiéndose de hombros—, es decir, “mami” si eso te hace sentir mejor. Yo miro de soslayo hacia mi hermana y me parece irreal que esté vestida así como mini putita. Me excita estilo colegial para al mismo tiempo me siento muy

