—Por favor no, hija —se escandaliza mamá, que todavía me sujeta con firmeza mi endeble falo, que aun si está duro como una piedra, todavía no logra la erección total. Y no es por falta de morbo ni excitación, sino que me siento intimidado teniendo a estas dos hermosas mujeres junto a mí, mamá delante, y mi hermana detrás de mi espalda, con su pequeña boquita dándome besitos en la piel. —¿No qué, Sugey? —pregunta Lucy, después de que entusiasmada acaba de decir que me chupará la v***a. —No puedes chuparle el pene a tu hermano —le advierte mamá, recorriendo sus uñas en cada centímetro de mi dureza. —Pero Sugey —Lucy se muestra confundida y decepcionada—, tú me acabas de decir que le ayude con eso. —Noto cómo mi hermana toca desde atrás mi tronco, rozándome los huevos con sus nudillos.

