—¿Basta por qué, Santi? Yo no te puedo besar, ¿pero ella sí puede hacerlo? Porque Sugey te besa, ¿verdad?, te hace muchas cosas en la intimidad. —¡Niña, joder! —No me importa que te enojes. Lo que te digo es verdad. ¿Por qué besarte es un pecado, y meterle tu pene a Sugey no lo es? Te recuerdo que ella es tu madre. Me quedo sin argumentos ante tal afirmación. Aun así, intento ser inteligente. Yo soy mayor que mi hermana y ella tiene que entender. —No es lo mismo —intento defenderme. —¿Por qué no? —enarca una ceja. —Porque las cosas… fueron diferentes… —¿En qué fueron diferentes? —No seas chismosa. —¡En qué fueron diferentes! —insiste. —Pues en todo… Lucy… un día… simplemente llegué a casa y… cometí el error de entrar al baño sin tocar la puerta y la vi a ella, en la bañera, sumer

