—Sí… mi cielo —responde Sugey fuera de sí—, si de esta manera, mi niña… voy a recuperar ese cariño que perdí en el pasado por mis propios errores, entonces… a partir de esta noche seremos tres. Estoy anonadado por lo que estoy oyendo. Es como si a mi madre hubiera disipado de repente todo ese pudor inicial respecto a la sexualidad de Lucy. Pero entonces entiendo que si es verdad que mi hermanita ya la sorprendió cogiendo con Nacho en el pasado, que mi madre de alguna manera también sabía que mi primo Hernán le arrebató su virginidad, quiere decir que entre las dos existe una complicidad que yo desconocía. Para ninguna de las dos es rara su propia desnudez ni hablar del sexo. ¿Entonces cuál fue todo ese teatro que armó Sugey al llegar al cuarto y descubrirnos a Lucy y a mí… en estas condi

