La noche llegó y con ella también Damián... La mansión está en completo silencio, ya que todos duermen. Damián acaba de llegar y los dos estamos en medio de la estancia, mirandonos fijamente con seriedad y tal vez algo de nerviosismo. —Gracias por esperarme —empezó a hablar rompiendo el hielo. —Por favor, pasemos a la biblioteca —propuso indicándome que fuera delante, y sin decir nada, lo hice. Luego, él se adelanta un poco para abrir la puerta de la biblioteca. Su caballerosidad en este momento solo consigue ponerme más nerviosa o tal vez me irrita que actúe con tanta tranquilidad, cuando yo me siento tan tensa. Entro permaneciendo aún en silencio, y él entra después de mí. Camino un poco más rápido evitando cualquier otro acto de caballerosidad de Damián, y me siento frente a su esc

