Alerta +16
Nota antes de empezar: La página me está censurando palabras así que he tenido que tomar ciertas medidas y escribirlas un poco ''Raro'' para que puedan mostrarse, por favor avisenme si hay alguna que pasé por alto.♥
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No estaba muy segura sobre lo que estaba haciendo.
Lo de no reconocerse entre sí no era en absoluto una broma, de no ser porque había llegado junto a Carlota y Gaby tampoco habría podido reconocerlas. Era increíblemente sorprendente ver a todos charlando entre sí y bailando, olvidándose de cualquier tipo de diferencias en un lugar en el que todos se consideraban iguales.
Eso quería decir que incluso a alguien como ella no la pondrían sobre un altar ni dirigirían sus miradas con envidia al saber su verdadera identidad.
— Sol ¿En qué tanto piensas? Trata de divertirte.
No reaccionó a la voz de Gaby hasta que tuvo la copa que le estaba ofreciendo casi encima, Alba se había olvidado de que Sol sería su apodo mientras estuviera ahí.
Debía recordarlo:
Sol era ella, Alba.
Luz era Gaby, su amiga.
Aurora era Carlota, su otra amiga.
— ¿Dónde está aurora? — Preguntó Sol.
Luz señaló con el dedo pulgar hacia atrás.
— Sí que se mueve rápido. — opinó Sol, viendo a su tercera acompañante, Aurora, ser prácticamente devorada por un hombre tras uno de los pilares ocultos del salón.
— Ya sabes cómo es — Repuso Luz — ¿Qué hay de ti? ¿No piensas salir de caza esta noche?
Sol –Nuevamente- echó una mirada alrededor, el aburrimiento se marcaba en su expresión facial, nadie parecía coincidir con su tipo de gustos.
— Ese es tu problema, eres demasiado exigente ¿Qué pasaría si el amor de tu vida huye espantado porque lo has corrido con esa mirada de halcón que echas a todo el que trata de acercarse a ti?
— No seas tonta, por supuesto que yo no hago es...
En ese momento levantó la mirada y el mundo pareció detenerse en el instante en que ambos se conectaron.
De momento notó la mirada centellante del caballero al otro lado del salón, era un hombre joven -probablemente aún rondaba en sus veinte- con una mirada inteligente y expresiva, las facciones bien pronunciadas a pesar de estar ocultas bajo un antifaz, el andar airoso y el cuerpo bien formado, él no paraba de mirarla con un brillo coqueto reluciendo bajo la máscara, relamiéndose el vino que tintó sus labios de un sutil color rojizo.
Sol tragó en seco, por primera vez en su vida sintió la manera en que le temblaron las piernas.
— ¿Sol? ¿Qué te pasa? Te has callado de repent... No me digas — Luz, quien era hábil para leer el ambiente notó las miradas coquetas que se estaban intercambiando entre su amiga y aquel hombre misterioso — ¿Te gustan jóvenes?
— ¡¿Q-qué?! ¿A quién se le ocurre eso? No seas ridícula ¿Cómo podría?
— Que bueno porque está viniendo hacia acá.
Sol se atragantó con su bebida al escuchar aquello.
— Buenas noches, señoritas.
Confirmó que se trataba de un hombre joven –Al menos más que ella- en cuanto escuchó su voz acercándose por detrás, Luz dirigió su mirada hacia Sol, quien le estaba lanzando súplicas por los ojos.
— Bueno, creo que los dejaré solos — Dijo su amiga, guiñándole el ojo a ella en una clara señal de que no debía estropearlo y que luego le contara los detalles.
Incómodo fue el espacio silencioso que se hizo entre ambos cuando Luz se marchó.
Él parecía haber perdido de repente toda la confianza con la que se acercó, Alba tampoco mostró mucho interés. La música continuó y el tiempo siguió avanzando sin que ninguno de los dos diera el primer paso.
— ¿Vienes por aquí a menudo? — Preguntó él en un intento por romper el hielo. Pero Alba no le contestó, sus ganas de abrir una conversación tendida con el desconocido estaban por el suelo. — Esta es la primera vez que asisto a un evento como este, es bastante inusual.
— ¿Es tu primera vez también? — Aquello atrajo cierta atención de Alba, quien hasta ese momento había creído que aquel chico era un fanfarrón.
— ¿Tú tampoco habías venido antes?
Alba rió en seco.
— Por supuesto que no, soy una persona demasiado ocupada ¿Crees que alguien así tendría tiempo para venir a jugar a los disfraces siempre que quiera?
La mirada feroz de ella le atravesó hasta el alma, por un momento no supo qué contestar.
— Oh, s-sí. Tienes razón. El trabajo es prioridad y consume demasiado tiempo y energías.
Y aunque no quería hacerlo la mirada brillante de aquella chica frente a sí le obligó a continuar con aquella conversación por varios minutos más, compartiendo una copa tras otra.
— ¿Tú también lo comprendes? — Preguntó ella, entusiasmada — Siempre me dicen que estoy loca por trabajar de manera excesiva y sin descanso, que debería apartar tiempo para mí y un montón de tonterías más, como si ellos fueran a pagar mis deudas ¿Por qué no se meten mejor en sus propias vidas en lugar de molestar la mía?
— ¡También me pasa lo mismo! Son un montón de idiot.as que no entienden el sacrificio que a veces uno debe hacer. — Volvieron a brindar solamente por lo que él dijo.
— ¿Y no te molesta cuando le asignas a tus subordinados una tarea en específica y la hacen como la mier*da? ¡O cuando tus socios se juntan para hacerte la vida de cuadritos! — Sol –Alba- volvió a mirar a su acompañante, frunciendo el entrecejo — ¡Es indignante!
— Oh... Sí, es tan molesto — Dijo no muy convencido de sus palabras. Mientras escondía su cara en la copa que bebió se mostró tenso por un momento, haciéndola creer por un momento que las copas le habían afectado demás. — Muy molesto.
— ¿Y a qué te dedicas?
Esa pregunta le hizo sentirse aterrado. No estaba preparado para dar la respuesta, no creyó que nadie se lo preguntaría, se suponía que las preguntas personales estaban prohibidas, pero al mismo tiempo si ella preguntaba quería decir que estaba interesada aunque sea un poco en él.
— Negocios — Fue lo primero que salió de su boca al ver que pasaba el tiempo y seguía dudando sobre qué contestar — Tengo una empresa... Yo la dirijo... Porque soy un... ¿Empresario?
— ¿Es así? — Preguntó Alba, mirándole asentir con desesperación por cambiar de tema — ¡Entonces tú sabes perfectamente de lo que hablo! Por un momento creí que solo me estabas siguiendo la corriente para decir que tenemos cosas en común, lamento haber dudado de ti.
— No te preocupes... — Contestó — Pero sí, de hecho estoy pensando en expandir mi negocio al exterior.
— ¿Quieres volverla transnacional?
Por un momento él se quedó en blanco. — No, solo la quiero expandir hacia el exterior.
— El alcohol ya tuvo que haberte afectado, estás bien borracho — Alba, para suerte de él, continuó riéndose — Obviamente sabes que es lo mismo.
Quería que la tierra se abriera para que lo tragara.
— Por supuesto que lo sabía, no es como si apenas me estuviera dando cuenta. — Explicó nerviosamente — Hace calor ¿No tienes calor? Creo que es por la bebida ¿Deberíamos tomar otro trago juntos?
Volvieron a brindar cuando ella accedió.
Sol se mecía suavemente al ritmo de la música de fondo, abrazándose a sí misma. El desconocido se inclinó sutilmente hacia ella, tomando la copa vacía entre aquellas manos bailarinas y entregándoselas a un mesero que cruzó con una bandeja vacía entre manos.
— ¿Qué estás haciendo? — Preguntó Alba entre risas cuando él la tomó de la cintura y ambos empezaron a mecerse.
— Parecía que tenías ganas de bailar así que estoy bailando contigo. — Contestó sin dudar, haciéndola girar al tomarla de la mano.
— Ni siquiera estás siguiendo el ritmo de la música. — Respondió entre risas.
— Es porque no sé bailar.
— Eres un tonto.
Alba sentía que no podía evitar hablar demás, tampoco ocultar la boba sonrisa que se hacía en su rostro con cada comentario que él hacía, era la primera vez que sus conversaciones fluían tan bien con una persona, casi como si así hubiera estado destinado a ser. Por un momento Alba se detuvo y extendió su mano hacia el chico, curvando sus labios en una sonrisa delicada. — Llevamos sumergidos en nuestro baile y conversación tanto tiempo que nos olvidamos de las presentaciones. Yo Soy Sol.
Se sintió conmovido hasta en lo más íntimo de su ser a causa de aquella contagiosa sonrisa, tomó la mano que se extendía hacia sí con delicadeza para depositar un pequeño beso en los nudillos. — Moon.
— Oh, como Luna en inglés.
— Me gustó más de esa manera.
Alba volvió a sonreír. — Es curioso que tú seas Luna y yo sea Sol ¿No crees?
— ¿Sabes qué dicen de la Luna y el Sol? — Alba concentró su atención en Moon, por primera vez en su vida no tenía respuesta a una pregunta. Él miró la confusión en su rostro cubierto y se aprovechó de la escena para grabarla en su memoria. — Que siempre están cerca pero nunca juntos.
Y aunque en ese momento no lo sabía, aquellas palabras terminarían cobrando un especial significado en su vida.
* * *
El cuerpo tembloroso de Moon cayó sentado al borde de la cama tras dar un traspié que lo hizo perder el equilibrio, Sol, quien minutos atrás lo había empujado, miró a través del azul profundo de aquellos ojos tímidos pero que reflejaban su deseo por ella, al fin y al cabo seguía siendo un ser humano con necesidades.
— ¿Estás segura de esto?
El tímido susurro de Moon se sintió como una caricia sobre su boca, Alba lo miró, lo miró de cerca hasta que sus respiraciones se mezclaron entre sí, las bocas se encuentran y se pierden en el sabor de la otra, mordiéndose con los labios, apenas rozando con la lengua. El cuerpo de Moon vibró bajo su toque cuando las manos de Alba buscaron hundirse en su cabello mientras se besaban como si hubiesen olvidado que necesitaban el oxígeno para sobrevivir, la incomodidad que les proporcionaban los antifaces hicieron que muy pronto estos terminaran en el piso mientras que Alba reclamaba posición sobre el regazo de Moon.
Él se aferró a su cintura por debajo de la camisa de botones abierta que se había deslizado hasta sus codos, trató de levantarla y regresar todo a la normalidad, pero Alba no se lo permitió. En su lugar rompió el beso y apoyó su frente sobre la de él.
— ¿Qué edad tienes? — Preguntó en un susurro cuidadoso.
— Tengo veinticuatro... — Contestó a duras penas.
Moon sentía la presión de Sol contra sí, cuando se dio cuenta había perdido de vista su mano, que empezó a trazar un recorrido delicado por aquel esbelto cuerpo y pronto se le escapaban pequeños suspiros de ansiedad culposa.
Sol no paraba de mirarlo como si estuviera esperando algo de él, impacientemente volvió a conectar sus bocas.
—...Mmh — Jadeó al sentir las escurridizas manos de Sol recorriendo su dorso. — E-espera... Están frías... S-sol.
Alba detuvo su paseo por el jovial cuerpo de Moon, cada pequeño roce le hacía estremecer, era realmente lindo, similar a un pequeño gatito asustadizo. — ¿Están frías...? — Pellizcó sutilmente los pezones sobresalientes, a lo que Moon reaccionó con un gemido bajo.
— Es porque... Porque terminas de salir de la ducha — Musitó él, sus pequeños gemidos eran música para los oídos de Alba, quien quería escuchar más de ellos.
Y era que no podía explicar la extraña sensación de querer poseerlo, someter cada pequeño músculo y fibra de su cuerpo. Moon era sexy, j*didamente sexy. Desbordaba inocencia hasta por los poros, pero el tipo de inocencia por la que cualquiera pagaría por hacer añicos.
— Estás muy tenso ¿Acaso me tienes miedo? — El dedo de Alba se deslizó por la espina dorsal de Moon, quien reaccionó con sobresalto — Relájate, Moon...
— Bruno...
— ¿Perdón?
Él desvió la mirada, apenado, cubriendo su feroz sonrojo con la muñeca — Mi nombre es Bruno.
— Bruno — Repitió sobre su oído, causando que la cálida respiración de Alba encendiera más el color en las mejillas del otro — Es un nombre realmente lindo.
Y su cerebro se desconectó justo ahí.
* * *
Sus amigos estallaron en risas al escuchar la historia, Bruno, quien se hundía en su asiento, deseando morir de vergüenza escondió el rostro al apoyarlo en la mesa.
— ¿Y me estás diciendo que... Que se fue antes de que despertaras y te dejó dinero? — Preguntó Daniel, quien no podía hablar de tanto reír — Y luego dicen que el Gigolo soy yo JAJAJAJA ¡Para colmo Bruno se olvida de preguntarle su nombre y se olvida de su apariencia! — Continuó burlándose — Maldición, que buena es la vida
— ¡No es gracioso! — Se quejó Bruno, rojo de la vergüenza — ¡Fue lo mejor que pudo haberme pasado en la vida! Tuvimos química, química pura y de la buena.
Cole se atrevió a interrumpirlo:
— ¿Acaso si recuerdas que esa química nació justo después de que le mintieras? La única razón por la que pudiste participar fue porque mientras estabas como mesero te encontraste con un viejo amigo de la secundaria que se apiadó de tu alma y que era lo suficientemente i***t'a como para que intercambiaran puestos. No eres millonario, ni siquiera traes para el pasaje del bus.
Recordar eso terminó de hundirlo en la miseria — Soy una desgracia, si se da cuenta creerá que le mentí porque quería que tuviéramos relaciones.
— ¿Y no fue así?
— ¡Por supuesto que no! — Chilló Bruno ante la tonta pregunta de Daniel.
— Tampoco es para tanto, estabas tan borracho que ni siquiera recuerdas cómo se veía — Intervino Theo — No creo que te vaya a descubrir si de todas maneras no se volverán a ver.
Pero Bruno en definitiva no quería eso.
Por un momento se sobresaltó — ¡El lunar! — Dijo de repente — Tenía un lunar en la zona interna del muslo.
— ¿Y cómo fue que descubriste eso?
Bruno se paralizó, las miradas expectantes se fijaron en él.
— Al parecer nuestro pequeño corderito realmente se divirtió anoche — Añadió Daniel entre risas — Te has estado omitiendo detalles, pequeñín ¿Por qué no cuentas la historia completa?
¿Contar qué? ¿La manera en que le suplicó a esa mujer? ¿La forma tan bestial en que montado y atado a la cama hasta ser dejado seco y noqueado hasta el día siguiente? ¿Quizás debía confesar la forma en que se corrió solo con ver a Sol masturbánd'ose mientras estaba inmovilizado, escuchando repetidamente sus burlas sobre ser un lujurioso niño malo? ¿O debería hablar sobre lo mucho que le excitó ser tratado como un gigoló de verdad?
— Es jodi'damente vergonzoso — Murmuró Bruno para desilusión de sus amigos metiches.
* * *
Su mente seguía dando vueltas, divagando entre las escenas ocurridas durante la noche anterior. Alba sonreía a la nada cada vez que recordaba el rostro agitado de Bruno rogándole que se detuviera pero al mismo tiempo sin ser capaz de dejarla ir y al final tomando el control cuando se cansaba de que ella jugara con él, era lindo, muy lindo.
Quería volver a verlo.
— ¿Se puede saber dónde estuviste? No regresaste en toda la noche.
Alba estaba tan distraída que incluso se había olvidado de que estaba tomando el desayuno con su marido, no reaccionó sino fue hasta que Mario le dirigió la palabra que se dio cuenta que incluso había tirado la mermelada que le estaba untando a su pan.
— Mírate, ni siquiera puedes ocultar tu satisfacción.
— ¿Para qué preguntas si ya sabes qué estuve haciendo? — Contraatacó Alba, limpiándose los restos de mermelada de la boca.
— Te recuerdo que aun estás casada conmigo, así que controla tus deseos promiscuos. No eres una p'uta.
Alba miró de regreso a su marido –Que la tenía sujeta de la muñeca-
— Es mi vida, mi cuerpo. — Respondió, soltándose de su agarre — Y puedo meterme lo que me de la gana.
Se levantó de la mesa tras haber puesto los puntos sobre las íes, la simple presencia de Mario le arruinaba el apetito.
Y ahora que por primera vez en su vida no había fingido un orga'smo con un hombre bruto que la trataba como a un saco de se'men tras subírsele encima solo quería aferrarse a su pequeño rayo de esperanza y pedirle que la toque como su marido jamás ha podido ni podrá hacerlo.