CAPÍTULO 61 Lara Lara despertó con la boca seca y una sensación absurda clavada en los labios. El beso. No recordaba con exactitud toda la noche. Recordaba la música como un golpe dentro del pecho, el baño girando, la risa de Mayte, las luces violetas de la discoteca… y después a él. Ese chico precioso. No sabía ni su nombre. No recordaba bien su cara. Solo tenía pequeñas imágenes. Una voz amable. Unas manos que no la apuraron. Unos ojos limpios. Y esa sensación extraña de haber besado a alguien que no pertenecía al mundo donde ella se movía. Se incorporó en la cama, despeinada, con restos de delineador bajo los ojos. Se tocó la boca con los dedos y soltó una risa baja, casi incrédula. —Debo estar enferma —murmuró. Pero no era ninguna enfermedad. Era otra cosa. Lara no era

