CAPÍTULO 40 Pedazos que no encajan Dylan Varela estaba al límite. Había pasado un mes. Un mes entero en el que su vida se redujo a una sola cosa: estudiar. Libros abiertos. Apuntes. Horas frente a cocinas encendidas y hornos calientes. Exámenes. Todo lo que había trabajado durante años estaba ahí, en ese cierre de semestre. Y aun así… nada de eso le importaba realmente. Porque cada noche, cuando el ruido de las cocinas se apagaba… él volvía a lo mismo. A ella. Sentado en la mesa de su pequeño departamento en París, con una luz tenue y el silencio como única compañía, Dylan hacía algo que nadie más hubiera entendido. Reconstruía. Con una paciencia casi enfermiza, juntaba los pedazos de ese papel que ella había roto. Ya había armado gran parte… pero no lograba entender qué er

