CAPITULO DOS

1526 Words
Massimo.- Decir que esta situación no me fastidia al punto de fatigarme enteramente seria mentirme a mí mismo, tengo una reputación, un legado, estar en el parqué con tu abuelo no supone ser una muestra de autoridad, el solo hecho de caminar por este astroso lugar me da nauseas, mis zapatos se están cubriendo de tierra y musgo, los niños corriendo y gritando a mi alrededor me dan dolor de cabeza, quizás parece una situación habitual, serena y normal, pero no lo es para mí. — Massimo — La voz de Nonno detuvo mis pensamientos alertándome completamente — ¿Sí? — Dije, tratando de ignorar lo que sucedía a mí alrededor — Debo decirte algo bastante serio y necesito qué me escuches con atención — aquello hizo que mirara en su dirección con confusión, mirada que no me sostuvo ya que miraba hacia el suelo, con sus manos juntas en su espalda, caminando de forma lenta — ¿Qué sucede Nonno? — Dije, esta vez con una preocupación real. Su expresión se veía apagada y algo triste, por unos segundos pareció que diría algo, pero cerro su boca, cambio su expresión de un momento a otro y me miro con gentileza — Nada hijo, estoy bien. Yo soló… quería saber sobre ti, es todo — ¿Estás seguro? — Aquella respuesta no me inspiraba entera confianza — Lo estoy Piccolo — Dijo con una pequeña sonrisa — Yo… ya no nos vemos como solíamos hacer antes — Lo sé Nonno, yo soló… he estado algo ocupado, es todo — ¿Qué tanto es más importante que pasar tiempo con tu abuelo? — Respondió, mirando en mi dirección Y aquí está, la conversación que he tratado de evitar toda la mañana ha llegado   — ¿Quién ha dicho que hay algo más importante que tú, abuelo? — Dije, con una sorpresa y dolor fingidos Sonrió de forma audible — A mí no me engañas Massimo, ya estoy siendo un estorbo para ti y las cosas que quieres alcanzar, puedo verlo. — ¡Claro qué no Nonno, lo sabes! — Dije aquello con efusividad, la verdad es que estaba en lo cierto, ya estaba fastidiándome estar en este lugar hablando de tonterías sin sentido — He creado una empresa multimillonaria en uno de los países más poco fructíferos, ganándome la vida con estrategias y astucia, no soy un idiota Massimo. — Eso no significa qué me estorbes — Significa que lo sé todo mucho antes de que lo manifiestes, huir de mí no te hace muy inteligente si has querido agradarme para obtener lo que quieres ¿no lo crees? Aquello me tomo por sorpresa — ¿Eh? — Me mostré confundido — Sé qué deseas qué muera pronto para obtener la máxima herencia y aso hacer de las tuyas, no soy tonto Massimo. ¿Acababa de decir lo que escuche? Me detuve de golpe, mirándolo de forma fija — Nonno yo no… — Eres un D’Angelo — Me detuvo de golpe para afirmar sus palabras — Solemos ser despiadados y poco sentimentalistas, lo único real para nosotros siempre es y será el dinero, tal como crie y eduque a tu padre, lo hice contigo, eso hizo que te abandonara completamente solo por alcanzar sus objetivos — Abrí mucho mis ojos en sorpresa, Leonardo D’Angelo está justo aquí, hablándome de esto, parecerá extraño pero nunca lo he escuchado mencionar dicho tema, mucho menos el de mi padre… desde que falleció no pude verle derramar una sola lagrima, nada… estaba vacío, que hablase de aquello con tanta nostalgia y dolor era extraño para mí — Al igual que Isabelle, tu madre, tenía un corazón tan puro, bondadosa, sonriente y amigable, todo aquel brillo que conservaba se oscureció por la avaricia, el poder, el dinero, el deseo por alcanzar algo mayor, la vida dejo de tener el sentido que tenía para ella, para ser reemplazado por dinero — una pequeña sonrisa poco convincente escapo de sus labios — dinero… maldito dinero, solía pensar qué las palabras “el dinero no atrae la felicidad” eran una maldita broma del sistema para hacerte romantizar la pobreza, la decadencia, para hacerte creer que ser un muerto de hambre sin futuro alguno estaba bien, por lo que me vi en la obligación de conseguirlo por mi cuenta, pensaba para mí mismo “esa es la real felicidad” — me miro con suspicacia, con una mueca de tristeza — Pero no Massimo… lo triste de esto — miro hacia el piso, justo a sus zapatos — lo triste de esto es qué… solo notas que es una farsa cuando lo tienes, yo… me esforcé tanto por obtener el dinero que tanto ansiaba que… perdí mi vida, yo… no tengo nada… mi único hijo murió y yo solo… no pude sentir nada… te eduque a ti para hacerte un hijo de puta — aquello hizo que abriera mis ojos mucho más en sorpresa — pero… solo hasta ahora puedo ver el daño que te he causado hijo… tú… tú tienes tiempo Piccolo. Tomo mi hombro con fuerza, mire su mano posicionada con gentileza sobre mis hombros, segundos después me tomo con fuerza en un abrazo… quede helado, tanto que no pude corresponder aquel acto suyo hacia mí, ya que esta era la primera vez que algo así me sucedía, este extraño contacto no me era familiar, por lo que intente apartarme rápidamente, tratando de volver en sí, lo miré por unos segundos totalmente desbocado — Tú… tú has vivido tu vida, te has destinado algo y lo has alcanzado, has vivido tus errores y tus victorias, no eres quien para decirme como debo vivir, el dinero para ti no significa nada ahora, pero para mí lo es todo, por lo que te prohíbo terminantemente despojarme de lo que me pertenece solo para mejorar tu calidad de vida, no es de mi incumbencia lo que ahora pienses de la vida, pero este es mi destino y yo haré con el lo que realmente vea conveniente Aquello salió de mi con tanta naturalidad que supuso ser extraño para mí, por un momento quería retractarme de mis palabras, pero por otro lado quería mantenerlas, por lo que eleve mi rostro con autoridad — Massimo… yo soló… — Bien has dicho, soy un D’Angelo. — Continúe – Despiadado y poco sentimentalista, lo único real para nosotros siempre es y será el dinero — Me acerque a el de forma amenazadora — No puedes cambiarme — Posicione mi dedo índice sobre su pecho y continúe — tampoco tú puedes hacerlo, ahora deja de hablar de esa mierda de la felicidad y la vida, no te queda el papel. Me giré con brusquedad para retirarme de aquel maldito lugar y seguir mi camino, cuando escuche su autoritaria voz — Massimo D’Angelo —Dijo con fuerza Me detuve abruptamente, cerré mis ojos con fuerza, recordé tanos momentos de mi vida donde solo me había dispuesto a hacer lo que Don D’Angelo quería que hiciese, no esta vez. Me gire hacia él, la rabia enmarcada en mi rostro, presionando mis dientes y mis mandíbulas, me acerque nuevamente y dije — No soy un niño Leonardo D’Angelo, no puedes intimidarme. Ya no. Su rostro reflejaba temor, sus manos temblaban al igual que su labio inferior — ¿Qué he hecho?... — dijo en un pequeño susurro Sonreí de forma audible, me acerque a su oído y respondí a su pregunta — Un monstruo… Escuche pequeños jadeos desesperados salir de sus labios, me gire por instinto y seguí mi camino — Massimo… hijo — Gritos desbocados se escuchaban cada vez más lejanos Presione mis puños a mis costados y me dispuse a seguir mi camino, no iba a detenerme — Señor, señor ¿está bien? La voz desesperada de una mujer me alerto de inmediato, me detuve y me giré para ver como Nonno estaba en el suelo, hiperventilando, con su mano presionando con fuerza su pecho, me quede inmóvil por unos segundos, mirando aquella escena — Chiama emergenza — gritos alarmantes se escuchaban alrededor Personas corrían de un lado a otro, empujándome en el proceso — Massimo… — La voz poco audible de Nonno me hizo entrar en razón Era lo que necesitaba para reaccionar, así que corrí hacia él — Nonno Leonardo, Nonno — Aparte a la multitud que lo rodeaba, su rostro estaba pálido, carente de todo brillo, me arrodille frente a él para intentar reanimarlo — Vamos Nonno, por favor… — Comencé a realizar diferentes maniobras pero… nada funcionaba, comencé a desesperarme e intente golpear su pecho con mis puños — Leonardo, no me hagas esta mierda… — mis intentos por reanimarlo se volvían mucho más torpes, veía que no respondía a mis suplicas, ni a lo que hacía, un grito desgarrador salió de mi boca, segundos después unos hombres me tomaron por ambos brazos y me apartaron de él, se acercaron para posicionar sus dedos en su cuello, segundos después se miraron entre sí negando con su cabeza, aquello hizo que me levantara de golpe — ¿Qué?... eso… ¿eso qué significa? — Este hombre está muerto señor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD