La sorprendente revelación trajo una sonrisa acuosa a sus labios. Durante una década había vivido como un animal, reaccionando, escondiéndose, tratando de evitar ser notada. Ella no había vivido, simplemente sobrevivido lo mejor que pudo, pero eso ya no era necesario. «No soy un ratón ni un conejo, soy una mujer y tengo el potencial de pensar, observar y elegir mis acciones y comportamientos». La conciencia de sí misma amaneció como el amanecer, trayendo esperanza, una esperanza que nunca había esperado. Podría ser más que un animal asustado. «Puedo ser Katerina, quienquiera que sea, la Sra. Christopher Bennett… una identidad completamente nueva». Podía decirle a su suegra que no quería una fiesta, podía pedir algo que le convenía o podía comprometerse. Podía elegir algo incómodo para com

