CAPÍTULO 8 Katerina se despertó de repente cuando el sol de la tarde comenzó a atravesar la ventana y llegó a su rostro. Se sentía cálida y cómoda… y desnuda, completamente desnuda en la cama con su asombroso marido. Se tomó un momento para admirar su hermosura: su cabello castaño oscuro, casi tan oscuro como el de ella, su rostro finamente cincelado, casi angelical en sus proporciones simétricas, sus labios flexibles, que se sentían tan maravillosos presionados contra los de ella, sus hermosos ojos plateados, ahora cerrados en sueño, largas pestañas descansando sobre sus mejillas. «Es glorioso y es mío; mi salvador, mi amante, mi marido. Se sacrificó por mí». Sus ojos se abrieron, mostrando su hermoso y brumoso color, y las esquinas se arrugaron cuando le sonrió. Ella le devolvió la so

