Es de madrugada y nos preparamos para salir, Don Aurelio la despide en la puerta. Siento algo de vergüenza. —Trabajas incansablemente hija. Entiendo que viajes y hagas lo que haces. Tienes mi apoyo—dice. —Gracias papi. —Cuídamela James—dice. Sonrío con mis músculos tensos y asiento. ¡Siento tanta vergüenza! Claro que la cuidare y haré más que eso también, pienso. Ella sonríe con picardía, abordamos el auto que conduce uno de los choferes de la casa, voy junto a él en el asiento de copiloto. Nos deja en el aeropuerto, nos conducen a la sala desde la que saldrá su avión privado. No me toca, no me mira, reconozco que ha estado rara, poco comunicativa y juguetona, pienso que debe estar cansada. Subimos al avión privado de su familia, un Gulfstream, siempre me ha parecido excesivo que algu

