Capitulo 8

1362 Words
Lo veo y no lo creo “No limites tus desafíos, desafía tus límites” Jerry Dunn Mis ojos no podían creer lo que veían, frente a mí estaba Rubén, el padre de estos dos angelitos, junto a su otra hija llorando la pérdida de su esposa. ¿Qué carajos estaba pasando aquí? Estoy segura que quién me salvó en la azotea fue la mujer de la fotografía. Ahora la recordaba claramente de esa vez que la vi en el celular de Rubén. —¿Estás bien Clara? Me pregunta el más pequeño, que aún no me suelta la bata y yo sigo muda, absolutamente muda frente a estas cuatro personas. —Creo que se le terminó de zafar el único tornillo bueno que le quedaba. —Marcos. Lo reprende su padre y el más pequeño se esconde tras de mí, mientras su hermano niega cruzándose de brazos. —Yo… —¿Qué hace aquí, señorita Santillán? —Debería estar en su habitación. —La encontramos bajando de la azotea, papá y hablando cosas raras. ¿A ella le pasará lo mismo que a mi mami? —Julián… La voz de Rubén se quebró y gruesas lágrimas comenzaron a salir de esos dos pozos negros. No aguanté y en un acto casi de locura me acerqué a él y lo abracé, era como si mi cuerpo se moviera solo. Necesitaba… Quería… —¡Suelte a mi papá! Me gritó la niña y como si fuera un grito desesperado le hice caso. —Perdón, no quería molestarlos solo traer a estos dos pequeñines que estaban perdidos. —No estábamos perdidos—dice Marcos con propiedad—. Más bien era ella la pérdida. —Será mejor que me vaya… —Deberíamos acompañarte, Clarita. Para que no te pierdas, digo. —Gracias, mi bello Julián, pero es mejor que te quedes con tu papito. Perdón, Rubén y de verdad lo siento mucho por ti pérdida. Salgo de la habitación sin esperar a que él me responda y a mitad de camino me encuentro con Alma. —¿Dónde te habías metido mujer? Todos te estábamos buscando. —Disculpa, Alma. Solo quería pasar un momento sola, se lo dije a tu hermana y al doctor. —Pero no puedes, querida. En tu condición es mejor que no andes dándote vueltas por ahí. —No me estoy muriendo, Alma. Respondo un tanto molesta y ella me mira con lástima. La misma que ví en los ojos de Rubén y de esos dos pequeños. —A propósito, ¿es mi idea o venías de la habitación de Bri? —Me encontré con sus hijos y los llevé devuelta, pero ¿qué pasó? —Ay mi Clarita, mi pobre Rubén y sus pequeños la tendrán difícil, nuestra Bri se nos fue hace unas horas. Aún no puedo creerlo. —No estoy entendiendo nada. —Mejor vamos a tu habitación y te cuento lo que pasó. No me quedaba de otra si quería saber lo que había pasado y, de cierta forma, saber por qué ella me ayudó. Porque estoy segura de que era ella, eso no lo voy a discutir. Entramos en mi habitación y ahí estaba la Val, paseándose de un lugar a otro. —Dios, me tenías preocupada mujer. —Fue lo que le dije, pero ella se lo toma todo como si fuera una molestia para nosotros y le digo que no es así. —Lo siento si las preocupé, pero de verdad que necesitaba estar sola. Ahora, no quiero que hablen de mí, prometiste contarme lo que pasó con la esposa de Rubén, Alma. —¿Cómo te enteraste?—pregunta Val y Alma se toma la cabeza como diciendo nos pillaron—. Perdónanos, pero no sabíamos cómo contarte, Clara. Todo paso mientras tú estabas perdida, creo que llegaron con muy poca diferencia al hospital. —¿De qué hablan? —El mismo día de tu accidente Brianna fue asaltada y le dispararon. —¡Pero si dices que ella falleció hoy! —No me has dejado terminar, Clara. Mientras Ethan operaba a Bri, llegaste y nosotros con Robert te recibimos. Ambas estuvieron en la misma sala de post operatorio y pensamos que Bri lo lograría, Pero sufrió una falla multisistemica y falleció hace dos horas. —No puede ser, yo… La vi, ella se aferró a mí iba a decir, pero pensarían que estoy loca y lo callé. En vez de eso me puse a llorar. Ella no merecía morir, en cambio yo… —Ya, cariño. Mejor recuéstate y descansa son muchas cosas las que has sabido el día de hoy. Después de eso, la chicas me dejaron para preparase para el funeral. Y otra vez me quedé sola… Los días que siguieron fueron desagradables, con mi padre viniendo todos los días a verme y yo echándolo de mi habitación a gritos, no lo quería ver menos escuchar sus excusas baratas. Por su parte mi madre decidió apoyar a Ro y después de conversarlo conmigo volvió a España para acompañar a Ro y su embarazo. A las dos semanas, era momento de salir del hospital. Gracias a la señora Blue fue que decidí quedarme en Estados Unidos, aquí estaba lo mejor para que me ayudaran con mi condición. Lo que no me esperaba era que quién me fuese a buscar con Alma era Rubén. Se le notaba mal, hasta más delgado. Ni me miró, solo tomó mi bolso y movió mi silla de ruedas, mientras Alma recibía las indicaciones de Val y del doctor Rubens. En mi caso, yo solo escuchaba lo que hablaban como si fueran palabras huecas y sin sentido. Cuando llegamos a la casa de los Scott, Blue me ofreció quedarme con ellos y como no tenía a nadie realmente en este país lo acepté. Entramos y ahí estaban varios de los amigos de Ro y los niños de Rubén. La pequeña me miraba con cierto recelo, en cambio los hermanos se dedicaron a ayudarme en todo lo que podían, o querían, solo para estar cerca de mí. El primer día en este lugar fue complejo, lo único que quería era encerrarme en la habitación y no ver a nadie, pero el pequeño Julián iba cada cinco minutos para ver si estaba viva. —Anoche soñé con mi mami y ella me pidió cuidar de ti, así que te aguantas y soportas. Fue lo que me dijo y me sacó una pequeña sonrisa por primera ves en mucho tiempo, así que lo dejé revolotear por todos lados. —Julián. Te dije que no molestaras a la señorita Santillán. Escuchamos a su padre cuando entró a mi habitación sin permiso y mi pequeño enfermero casi saltó del susto al escucharlo. —Déjalo, Rubén—trato de mediar entre los dos mientras se retan con la mirada. —Pero la está molestando, señorita Santillán. —¿En serio que te molesto? —No cariño, no me molestas, pero debes ser un buen niño y hacerle caso a tu papá. —Está bien, prometo venir mañana para que te cuente más cosas. Me dice y luego besa mi frente. Camina hasta la salida y vuelve a mirar a su papá. Rubén suaviza su mirada y niega hasta un poco divertido, mece sus cabellos y le hace paso para salir. —Lo siento mucho si le molestó — me dijo y se dio la media vuelta. —Rubén… —Señorita. —De verdad, siento tu pérdida. —Lo sé y gracias, pero desde ya le digo no intente acercarse a mis hijos. Su advertencia y la forma en que salió de mi habitación me dejó pasmada. No entendía por qué esa actitud si yo no le había hecho nada, pero a lo mejor tenía razón era bueno que yo no me acercara a esos pequeños, yo era la persona menos indicada para estar cerca de alguien. Era momento de pensar en mí y de lo que sería mi vida de ahora en adelante, ya Clara Santillán la artista había muerto ese día del accidente. Ahora, necesitaba saber quién sería después de que esa alma me había salvado y por qué lo había hecho.
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