Katrina Manzur Guardo el celular después de tomarle una foto desprevenida a Alesander, específicamente de su espalda, cuando estamos entrando a una heladería casi de madrugada. ―¿Sabor? ―Pregunta girándose. Me acerco a la vitrina mirando los sabores disponibles. ―Fresa ―respondo eligiéndolo. Él me mira con extrañeza. ―¿Un helado de fresa en París? ―Sí. Me observa con una sonrisa acelerando mis palpitaciones y pestañeo. ―¿Es malo? ―Pregunto por su silencio. Niega con la cabeza carraspeando y termina de pedir los helados, me entrega el cono con una bola de helado de fresa al cual le doy una primera probada mientras caminamos por las calles menos concurridas de París. Aunque pienso que no sería una buena idea, al ser una ciudad insegura según las noticias, pero intento no p

