Lleno mis pulmones de oxígeno mirándolos, no sé cómo sentirme al respecto. Seguro él no sabe que ella será mi esposa, sí, falsa, pero a fin de cuentas será mi esposa. Paso una mano por mi mandíbula cruzándome de brazos ¿Debería dejar que siga intentando coquetear con ella o interrumpir? No, Alesander, te verás como un idiota. ―Se ve bien, hasta menos rojiza ―indica Katrina hablando de la mano del sujeto. Suelta su mano y él le sonríe sin dejar de mirarla con mucha atención. Ha notado lo hermosa que es. Tenso mi mandíbula. ―¿Cuándo termina tu turno? Quisiera invitarte a comer, agradecerte por atenderme tan bien, no sé qué sería de mi mano si no me hubieras ayudado ―pregunta. ―Hice mi trabajo, señor Peretti. Esa pregunta hace que una vena salte en mi coronilla. Cosa que me lleva a

