++++++++++++++++++ Sigo caminando, arrastrando el pie como si fuera una heroína de telenovela que acaba de sobrevivir a un apocalipsis… pero en versión low cost. Y entonces, como en todas las historias donde el destino se ríe de ti, un auto se detiene a mi lado. Un auto caro. Oscuro. Con ventanillas tintadas que gritan aquí viaja un narco o un político corrupto. Obvio, mi primera reacción es asumir lo peor: que era el otro cerdo, el que me había estado siguiendo. Oh, el mismo maldito que quiere que se la mame, la verdad que no recuerdo el auto del cochino ese. —¡Cerdo! —escupo, sin filtro, como si fuera mi palabra de seguridad contra depredadores. Y no me quedo ahí. Oh no, yo no soy de esas que insultan en versión light. Le digo de todo. Todo lo que mi abuela me prohibió decir y lo q

