No puedo creerlo. Estoy sentada ahí, con el tenedor aún en la mano, sintiendo cómo mi sangre hierve mientras todos parecen actuar como si nada. Mauricio está a mi lado, mirándome con esos ojos que no sé si me molestan o me calman. Y yo… yo quiero tirarle el plato de pasta a esa Barbie rubia que ahora cree que puede robarle la atención del ogro a quien sea. Me inclino un poco hacia Alexei, pero no demasiado, solo lo suficiente para que note que estoy respirando cerca de él. No me atrevo a tocarlo, pero casi siento que mis dedos quieren arañarle la chaqueta, arrancarle el cabello, hacer algo, cualquier cosa, para recuperar lo que siento que ya es suyo y que esta idiota se cree que puede reclamar. —¡Pero vamos! —grito por dentro, porque fuera me mantengo en calma—. ¿Qué se cree? ¿Que puede

