La ira del ogro

1097 Words

Salimos del Penthouse, todavía con la adrenalina recorriéndome las venas. Voy en el auto con Mauricio y él, como si fuera un santo enviado del cielo o un psicólogo barato de YouTube, me repite una y otra vez que no me van a despedir. Que “tranquila, Ivanna, todo estará bien, no hagas dramas”. Ajá, claro, como si yo supiera lo que significa “tranquila”. Esa palabra no existe en mi diccionario, ¿ok? Justo cuando llegamos a la empresa, bajo del auto con un respiro que parece más un suspiro de funeral. Son las diez y media de la mañana… ¿QUÉ? ¿Ya casi las once? Abro los ojos como si fueran a salirse de mis órbitas. No puede ser, ya las once de la mañana. Me apresuro, corriendo como alma en pena, y entonces… —Cluek. Ese maldito sonido. Ese maldito crack en mi pie. Me detengo en seco. —¿Qué

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