—Aún duele —susurra, inclinándose un poco hacia mí. Su cabello cae hacia un lado, dejando su cuello al descubierto. Ese maldito cuello que quiero morder. Mi mano sube apenas, del tobillo a la pantorrilla. La siento tensarse, pero no para apartarse… sino para acercarse un poco más. —Necesita hielo —murmuro. —¿Me lo traerá usted? —pregunta, y la forma en que pronuncia “usted” me hace imaginarlo dicho en otra situación… en otro tono… jadeando. Trago saliva. No puedo seguir aquí. Pero tampoco puedo moverme. Su pie roza el suelo, y ese pequeño movimiento hace que su rodilla se abra un poco más. Mis ojos bajan. Un segundo. Dos Suficientes para que la imagen quede grabada a fuego. Vuelvo a mirarla. Ella sonríe. Otra vez. Y entiendo que estoy jodido. Porque si sigo aquí, no voy a aguanta

