Salí de ahí como un condenado, con la respiración rota y el cuerpo ardiendo en llamas. No podía más. La visión de Ivanna con esa ropa mojada, ese trasero apretado que me quemaba la retina, me había dejado al borde del colapso. Maldita sea, ese culo… mi pene dolía, palpitaba como si estuviera a punto de estallar, y mis huevos estaban tan tensos que sentía que iban a explotar de puro dolor. Entré a mi oficina de un salto, cerré la puerta de un portazo y giré el pestillo con manos temblorosas, como si temiera que alguien pudiera entrar y verme así, perdiendo el control. Dejé caer el traje con un ruido sordo sobre el sillón y me fui directo al tocador, casi sin pensar, solo impulsado por ese deseo que me quemaba las entrañas. Me desabroché el cinturón con movimientos bruscos, bajé la cremall

