En eso… me voy de tapas. Sí, literal. Me voy de tapas. Un paso en falso, el tacón se clava entre las maderas del caminito y ¡pum!, el desastre en cámara lenta. —¡Aaah! —solté un grito medio ridículo mientras el cuerpo entero se me fue hacia adelante. Y caí. Con todo mi ser, con toda mi torpeza, como si la gravedad hubiera estado esperando ese momento exacto para burlarse de mí. Un panzazo monumental, de esos que hasta hacen eco en el alma. —¡Aaah, noooo! —me quejé, arrastrando la voz como una niña malcriada. Me quedé ahí, tirada, sobando el piso con el vientre—. Tanto que… como estúpida caí. Sí, lo dije. Y lo peor es que me lo creí. Intenté levantarme, pero mis rodillas ardían y el vestido se me había subido lo suficiente para que mi dignidad temblara. En ese momento sentí unos brazo

