El loco del circo. Él reía, divertido, con ese brillo travieso en los ojos. Yo no pude evitarlo. Solté a Mila, lo tomé de las manos, y lo arrastré a bailar conmigo. Ella, entre risas, se fue con el ogro. Y yo, con Mauricio, desatada, lo hacía girar, lo provocaba, me dejaba llevar por su energía que era tan intensa como la mía. Éramos como dos imanes chocando una y otra vez. El público a nuestro alrededor aplaudía, reía, se contagiaba. Yo estaba sudada, despeinada, agitada, pero más viva que nunca. Y cuando la canción terminó, otra comenzó. El beat era reconocible, clásico, pegajoso. “What is love… baby don’t hurt me…” Yo grité como loca. —¡Siiiiiiiiii! —levanté los brazos al cielo, como si fuera un ritual. Mauricio me atrapó por la cintura y me arrastró hacia él. Bailamos pegados,

