++++++++++ Hemos llegado. Bajo del auto y mis pies tocan la tierra húmeda, pero mis sentidos se dispersan por completo con el paisaje que se abre frente a mí: un lago amplio y sereno que refleja el cielo grisáceo, cañadas que se pierden en la distancia y ranchos de madera que parecen salidos de un cuadro antiguo. Todo es tan pintoresco que por un momento siento que puedo respirar, que quizá aquí pueda escapar del caos que dejé atrás en la ciudad, aunque sé que no es tan simple. No puedo, no mientras Mauricio y Alexei estén cerca, mientras Mila siga metida en mis pensamientos y mientras esa mentira que sostengo como un cristal frágil amenaza con romperse en cualquier instante. Mauricio me lleva con pasos firmes hacia la cabaña cercana al lago. Cada paso me hace sentir un nudo en el estóma

