++++++++++++ Después de que logré pedir el almuerzo con tanto esfuerzo… bueno, esfuerzo es un decir, porque en realidad fue Mila la que hizo todo y yo solo asentí como estatua en huelga… la pobre sigue convencida de que tuve un accidente y perdí la memoria. A mí me da risa. Aunque a veces me da un poco de pena… pero no tanta como para confesarle que no soy la verdadera Ivanna. Le dije que era por un dolor de cabeza. Es más creíble que decirle: “No, en realidad estoy probando una nueva versión de mí misma, más peligrosa y menos responsable”. Ja, ja, eso lo diría una verdadera Ivanna. En fin, el almuerzo estaba ya llegando, calentito, oliendo a gloria… y justo en ese momento, el ogro (también conocido como mi jefe, alias “Vysotsky, destructor de ilusiones”) sale de su oficina, se planta

