Yo cierro los ojos. No, no, no… —¡Siii! —añade Mila, y yo la quiero ahorcar—. Pero no es lo que parece… —Sí es lo que parece —le interrumpo, fastidiada, con un nudo en la garganta—. ¡El primo de Mila es mi pretendiente!—se me escapa, con una mezcla de rabia y desesperación. —¿Quéeee? —dice Mila entre carcajadas—. ¡Deja de inventar! ¡Mentiras! Nooo, es que… —ella suelta de golpe, como si nada— mi primo le rentará una habitación a ella. El aire se congela. Yo cierro los ojos con fuerza, queriendo desaparecer. —Mila… por favor… —susurro, con la voz quebrada, como una súplica. Ella me mira y al instante entiende. —Perdón… —dice bajito. Demasiado tarde. La bomba ya había explotado. —¿Por qué te quieres mudar? —dice de pronto el ogro, su voz grave llenando el auto. El silencio me cl

