24 de diciembre —Entiendo que estés nerviosa… Me di la vuelta, dejando de caminar por el patio. Las palabras de Nico solo habían logrado ponerme aun peor. Su sonrisa cálida, que normalmente provocaba calma en mí, solo estaba sacándome de quicio. ¿Cómo podía sonreír en un momento así? —¡¿Nerviosa?! No, para nada— exclamé, logrando que él retrocediera un paso— Nervioso es cuando vas a dar un examen. No, no estoy nerviosa. ¡Estoy a dos segundos de tener un puto paro cardiaco, Nicolás Eduardo Lafontaine! Su ceño se frunció, mientras repetía el segundo nombre que le había inventado. Sí, se lo había inventado. Necesitaba que sintiera un poco de miedo ante la situación, o mínimamente nervios. —Sabes perfectamente que no tengo segundo nombre, Vicky… —¡Ahora sí! —¿Por qué mejor no entramos

