21 de agosto Mi celular sonó, avisando que me había llegado un mensaje. Miré de reojo a Benjamín, asegurándome que siguiera durmiendo en su asiento. Saqué el aparato de mi cartera, mirando el remitente. No me sorprendí cuando vi que era Nicolás. ¿Están muy lejos? Miré hacia afuera del auto, intentando ubicarme para poder contestar. No me costó mucho, me había aprendido en el camino a la casa de los Lafontaine como la palma de mi mano. Aunque normalmente era Nicolás quien manejaba y no un remis. Pero aparentemente no había podido hacerlo, algo que sinceramente no me molestaba. Era completamente capaz de viajar sola con mi hijo. Pocos minutos. No tenía sentido explayarme más cuando estaba por verlo en persona. Unos minutos después, cuando pasamos la seguridad del barrio privado, el remi

