DECLAN Otra semana pasó con nulo contacto con Ellie. Ahora sabía con certeza que toda esperanza de que quisiera, aunque sea, ser su amiga, había muerto. Le había cortado de su vida, dándole el frío trato e ignorándole las pocas veces que se cruzaban por el vestíbulo, como si no existiera. Era demoledor. No podía soportarlo. Saber que estaba allí y no poder hablarle, tocarla, mirar a esos ojos tan amables y cálidos, le era físicamente doloroso como aquella vez que su carruaje se había accidentado quedando él con sus caballos atrapados en las pantanosas tierras londinenses con los huesos rotos y sin prospecto de ayuda. Irse era la única solución, permanecer allí sólo añadía sal a la herida, y quizás la distancia y el tiempo, harían su mella y la olvidaría. Quizás. Fue al refrigerador a tom

