Capítulo 11

2366 Words
—¿Qué te parece 'Zephyr'? —sugerí, observando sus ojos parpadear de manera reflexiva mientras esperaba su respuesta. Sin embargo, no emitió ningún sonido en señal de aprobación o desaprobación. —No te gustó, ¿eh? —murmuré, tratando de descifrar sus pensamientos. Mi mirada se desvió hacia el techo mientras pensaba en un nuevo nombre. —¿Y qué tal 'Nebulón'? La criatura alienígena emitió un ligero zumbido, un suspiro enigmático que me dejó con más incertidumbre que certeza. Negué con la cabeza, sumido en mis pensamientos. —Quizás 'Boreas'. Esta vez, sus ojos titilaron de manera enigmática, pero no parecía completamente convencido. Frustración comenzó a apoderarse de mí. —Bien, no parece que te guste 'Cosmo' tampoco, —suspiré, sintiendo que la paciencia se agotaba. La criatura alienígena emitió un sonido que podría haber sido un zumbido confuso, como si estuviera igual de confundida por la elección del nombre. Justo cuando estaba a punto de volver a empezar la búsqueda de un nombre, mi comunicador se iluminó con una llamada entrante. La interrupción fue tan inesperada como bienvenida, y me apresuré a responderla, dejando a un lado la tarea de nombrar a mi misteriosa mascota alienígena por el momento. La figura de Nalor se materializó en el holograma. —Hola, estaba esperando tu llamada —comenté —Disculpa, no tuve tiempo de comunicarme antes. Estábamos ocupados con las reparaciones de la nave —se disculpó Nalor, su voz resonando con la fatiga de las horas de trabajo. —¿La nave sigue en mal estado? —pregunté, consciente de que la situación era delicada. —Nada de lo que preocuparse. Nos encontramos en el lugar acordado y aprovechamos para resolver los problemas técnicos que había. Estamos listos para tu llegada —aseguró Nalor, intentando transmitir confianza. —Excelente. No creo que falte mucho para que nos encontremos allí. ¿Cómo está la princesa? —inquirí, sabiendo que mi tarea más urgente era garantizar la seguridad de la princesa Lyxar hasta que la devolviéramos a su planeta natal. Nalor hizo una mueca involuntaria, y sus ojos reflejaron una preocupación genuina. —Korg está cuidando de ella como se lo ordenaste, pero ha estado bastante irritable con todos desde su llegada. —explicó Nalor —Hmm, no me sorprende. Lamento haber retrasado la misión. —mis palabras eran un susurro de arrepentimiento. —No tienes por qué disculparte. Estamos manejando la situación de manera eficiente aquí. Además, nadie pudo haber previsto que esa cosa aparecería en Thaloria. A pesar de todo, Draktharos colaboró para que sigas con vida, y estamos agradecidos por eso —respondió Nalor, con un tono de gratitud en sus palabras. —Tienes razón, la aparición de esa criatura fue totalmente inesperada. Pero aún así, no puedo evitar sentirme responsable por poner en peligro a la princesa y al equipo. Debería haber sido más cautelosa. —Expresé mi preocupación sincera mientras mi mente regresaba a la criatura alienígena que tenía delante, aún sin nombre. Nalor asintió con comprensión, su mirada curiosa posándose en la criatura que yacía cómodamente en mis piernas cruzadas —¿Qué es eso que tienes ahí? —preguntó Nalor, su voz llena de sorpresa e intriga. Mis ojos se desviaron hacia la criatura peluda y luego volvieron a Nalor. Mi mente trabajaba en cómo explicar el origen y la singularidad de esta extraña criatura. —Es un polizón —respondí, pero la bola de pelos sin nombre emitió un gruñido, como si estuviera profundamente ofendida por ser llamada así—. Según Ry'gath, se llama un Florigo. Es una especie rara que establece una conexión única con un individuo. Nalor no pudo evitar sonreír ante la extrañeza de la situación. —Parece que has conseguido algo bastante especial. ¿Quién hubiera imaginado que terminarías con un compañero de vida en un lugar como este? —No menciones eso —susurré, sintiendo la carga que conllevaba esa palabra, "compañero de vida". Nalor levantó una ceja, intrigado. —¿Por qué no? Parece que te ha elegido, y eso no es algo que suceda todos los días. —Lo sé —admití con pesar. Nalor inclinó la cabeza, sus ojos centelleando de curiosidad. —¿Has intentado ponerle un nombre? —Sí, nombres como Zephyr, Cosmo, Boreas, entre otros, han sido considerados —revelé, con un suspiro. Un atisbo de diversión se reflejó en el rostro de Nalor, sus ojos brillando con complicidad. —No sabía que nombrar no fuera precisamente tu fuerte, capitana —bromeó, pero sus palabras estaban impregnadas de un cariño sincero. —¿Son tan terribles? —inquirí con cierta inseguridad. Nalor asintió con solemnidad teatral. —Me temo que sí. Pero no te desanimes, estoy seguro de que encontrarás uno que le convenga. —Confío en que así sea. Ahora bien, ¿Cómo están todos los demás? —cambié de tema Se relajó y dejó escapar una risa suave. —No tienes de qué preocuparte, solo te extrañamos. No hay nadie aquí exigiendo órdenes constantemente. —dijo Nalor con una sonrisa amigable. —¡Oye! No soy tan mandona. —protesté Nalor asintió, reconociendo mi defensa. —Mmh, nadie dijo eso. Sacudí la cabeza suavemente y cambié mi expresión a la típica seriedad de una capitana. —¿Vorrax ha intentado ponerse en contacto con nosotros? —pregunté, dirigiendo la conversación hacia el asunto principal. —Sí, unas cuantas veces para saber cómo estaba su hija. Le aseguramos que la tendríamos de vuelta antes del plazo acordado —respondió Nalor, con una mirada tranquila que insinuaba que había manejado la situación con destreza. —¿Mencionaste algo sobre lo que sucedió en Thaloria? —continué, consciente de que había detalles importantes que necesitaba discutir. —No fue necesario. Ya estaba al tanto de la situación allí. Aun así, le permitimos tener una conversación con su hija para tranquilizarlo —contestó Nalor. La expresión en el rostro de Nalor dejó en claro que la charla entre padre e hija no había sido precisamente amigable, pero eso no era asunto nuestro. Lo que realmente importaba era cumplir con el plazo acordado y asegurarnos de que recibiríamos nuestra merecida recompensa. No había sido una tarea sencilla, y estuvimos al borde de perder la nave en el proceso. —¿Vorrax intentó renegociar nuestra paga o algo por el estilo? —No, no ha mencionado nada al respecto. Es posible que esté considerando la idea de ofrecernos un bono adicional por mantener a salvo a su hija —respondió Nalor, con una nota de optimismo en su voz. —Eso sería muy conveniente. De todos modos, creo que deberíamos estar preparados para discutirlo cuando llegue el momento —comenté, consciente de la necesidad de estar listos para cualquier negociación. —Estoy de acuerdo. Reuniré información importante que podamos utilizar como argumento en caso de que decida regatearnos —confirmó Nalor —Gracias, Nalor. Te agradezco la ayuda. Nos mantendremos en contacto —Sí, Evad. Cuídate mucho. —sus palabras fueron cálidas y amigables. Luego, el holograma se desvaneció, dejándome con la dulce criatura aún dormida en mis piernas. Intenté estirarlas con cuidado para despertarla y alejarla, pero sus garras, pequeñas y afiladas como agujas, se aferraban con tenacidad a la tela de mis pantalones. Con paciencia, intenté liberarme suavemente de las garras de la criatura, pero era evidente que no quería separarse de mí. Sus ojos se abrieron lentamente, revelando una mirada curiosa y un brillo de inteligencia en ellos. La criatura emitió un sonido suave, una especie de ronroneo que indicaba su contento al despertar Luego, como si hubiera estado esperando el momento adecuado, estiró su cuerpo en un arco ágil y saltó de la cama, dándome la oportunidad de ponerme de pie. Sin embargo, la sorpresa y el inesperado dolor que me recorrió las piernas me hicieron caer al suelo de bruces. — ¡Ugh! ¡Qué dolor! —exclamé, mientras me sujetaba la pierna adolorida. La criatura se acercó con curiosidad a mí, sus ojos centelleando con preocupación. Parecía como si estuviera tratando de comprender la causa de mi caída. El dolor se desvaneció gradualmente, y me incorporé, apoyándome en una rodilla mientras evaluaba la situación. Sin embargo, la criatura, sin comprender las razones detrás de mi malestar, comenzó a gruñir y dar vueltas por la habitación, acercándose a la puerta. Intenté entender sus señales, pero nada aclaró la incertidumbre de lo que intentaba comunicar, y mis preguntas no obtuvieron respuesta. Esperé pacientemente a que el dolor se desvaneciera por completo. Cuando finalmente estuve lista para levantarme, me moví hacia la puerta y la abrí, permitiéndole a la criatura que me guiara hacia lo que necesitaba. —Parece que alguien tienes un apetito voraz, ¿verdad? Mis chicos y tú se llevarán de maravilla. La criatura ocupaba la silla alta, rodeada de migajas y restos de comida esparcidos por la mesa. Un destello de placer iluminaba su rostro, estirándose de oreja a oreja, mientras se entregaba con entusiasmo a su banquete. Su glotonería era evidente, sus ansias insaciables. Kalixia irrumpió en la cocina, sus ojos destellaban con una mezcla de emoción y ternura al observar a la pequeña criatura. —Hola, ¿cómo estás? —saludó con calidez. —Hola, Kalixia. Estoy bien, gracias. —¿Ya has pensado en un nombre para él? Mi respuesta se desvaneció en un suspiro de frustración, acompañado por una serie de sonidos incomprensibles emitidos por la criatura. —Lo hemos intentado, ¿verdad? —murmuré, contemplando a la bola de pelos. La criatura respondió con chirridos que hablaban de nuestra fallida búsqueda. Kalixia soltó una risa suave mientras se acercaba a la criatura en la silla alta. Sus dedos acariciaron con ternura la cabeza de la pequeña y dijo: —No te preocupes, encontrarás el nombre perfecto en algún momento. Aunque si te sientes abrumada, puedo echarte una mano en la elección. Negué con suavidad. —He estado investigando sobre su r**a. Los ojos de Kalixia brillaron con inteligencia. —Solo tú puedes darle un nombre, ¿verdad? Asentí con la cabeza. —Escuché accidentalmente tu conversación con Draktharos. —afirmó Kalixia. Mis cejas se alzaron en respuesta a su revelación intrigante. —Bueno, no fue accidental —se corrigió con un matiz de confesión en su tono, como si estuviera liberando un secreto guardado celosamente. —Mm, ¿entonces qué es lo que te inquieta? —pregunté, la curiosidad palpable en mi voz. Kalixia, con una mirada que denotaba su pesar, respondió: —¿Estás, en verdad, dispuesta a asumir el cargo de nuestra reina? Contuve la carcajada que amenazaba con escapar, pero no pude evitar que el brillo divertido en mis ojos delatara mi verdadera reacción. Mantuve mi rostro tan solemne como pude, aunque era una tarea difícil. —Hablo en serio, Evadne. Carraspeé, haciendo un esfuerzo por desviar mi mente de la diversión que burbujeaba dentro de mí. —Tranquila, no asumiré nada. Ese puesto puede ser de quien lo desee sinceramente, y, para ser sincera, me importa muy poco. El rostro de Kalixia, ahora marcado por una leve decepción, reflejó su anhelo por una respuesta diferente, por un deseo insatisfecho. —Draktharos no suele bromear con ese tipo de cosas, bueno, casi nunca bromea. Quiero decir... —No hace falta —la interrumpí—. Broma o no, no tengo intención de ser la reina de nada. Ese no es mi destino. Kalixia persistió en su búsqueda de respuestas. —¿No sientes nada por él? —preguntó con la mirada fija en mis ojos. Suspiré, negando con la cabeza. Aunque era innegable que Draktharos era atractivo y un deseo s****l resurgía dentro de mí, más allá de eso, no sentía amor por él. Comenzaba a ser molesto este asunto de ser reina. —Es imposible negar que no es atractivo, pero seamos realistas, no funcionaría. —repliqué, tratando de explicar mi perspectiva de manera más completa. —¿Por qué no? —Kalixia seguía indagando, como si quisiera desentrañar mis pensamientos más profundos. —Necesita a alguien a su lado que gobierne con él, que se vista con elegancia y luzca las mejores joyas. Alguien que siempre luzca impecable, que le arranque sonrisas hasta que sus mejillas duelan —continué con un tono más reflexivo. —Él seguiría trabajando incansablemente, haciendo viajes de negocios, negociando con enemigos mortales y buscando posibles aliados en las estrellas, explorando la galaxia, mientras yo permanecería en casa, esperando su regreso para sanar sus heridas. Mis tardes estarían llenas de té y chismes con las damas de la alta sociedad, siempre críticas e inquebrantables. Quizás no podría dar un paso sin que alguien esté vigilante, ni siquiera sé si podría visitar el pueblo sin que la reverencia sea una constante molestia. Al final del día, nuestras relaciones serían meramente para asegurar la descendencia. Un suspiro escapó de los labios de Kalixia, como si estuviera asimilando profundamente mis palabras. El silencio que siguió fue cargado de tensiones no dichas. Finalmente, levantó la mirada y me miró fijamente, como si intentara leer mi alma. —Parece que has pensado en esto mucho más de lo que aparentas —dijo con una mezcla de admiración y preocupación en su voz. Asentí lentamente, reconociendo que había meditado sobre mi futuro con Draktharos más de lo que hubiera deseado. —Es difícil, Kalixia. Lo que siento por él es complejo, pero no estoy segura de que sea el tipo de amor que él necesita. Y sé que no es el tipo de vida que yo quiero. Kalixia se inclinó hacia adelante, sus ojos buscando los míos con una intensidad renovada. —¿Qué quieres, entonces? ¿Cuál es tu destino? —Ni siquiera yo misma puedo definir qué es lo que me apasiona, pero definitivamente esa vida no es la que deseo para el resto de mis días. Cuando aparté la vista de ella y la posé en la criatura, esta yacía bocarriba, su vientre abultado ajeno a nuestra conversación, radiando felicidad por la plenitud de su estómago. No pude evitar soltar una risa compartida con Kalixia; incluso la lengua de la peluda bola de pelo estaba fuera, añadiendo su singularidad a la escena.
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