—¿Qué pasa, Cici? ¿Draven te intimidó? Le daré una paliza por ti, ¿vale? William nunca la había visto así. Ni siquiera la última vez, porque no quería volver a casa, la había agraviado así. Lloró tan fuerte en sus brazos que no podía respirar. De repente, William no supo qué hacer. Sólo podía dejar que los mocos y las lágrimas de Cierra cayeran sobre su caro traje. Le acarició la espalda con cuidado. —No llores, ¿vale? Cici, si quieres irte a casa esta noche, puedes volver a casa conmigo ahora. No sufriremos este agravio. ¡Dime quién te intimidó y te vengaré! Antes de que Cierra pudiera recuperarse, sacudió la cabeza y sollozó —Soy yo. Ella pensó «Sólo estaba siendo entrometida. No tenía nada que ver con Draven». Recordó la última vez que estuvo en la vieja casa de la familia Trevin

