Las gambas de color rojo brillante estaban envueltas en una fragancia que aún humeaba. Para Will, que llevaba mucho tiempo hambriento, era sin duda una enorme tentación. Por muy fuerte que fuera su fuerza de voluntad, no pudo evitar tragar saliva e intentar atrapar esa gamba. Sin embargo, levantó la mano y luego la bajó. Miró fijamente a Cierra con sus ojos claros y dijo en un tono extremadamente serio. —Papá dice que debemos sentarnos a la mesa y comer juntos. No podemos robar comida de la cocina. El niño dijo seriamente mientras tragaba saliva. Su aspecto hizo que Cierra sintiera que su corazón casi se derretía. Si no fuera porque tenía las manos cubiertas de aceite, le habría tocado la cabeza peluda. ¿Cómo podía ser tan mono su sobrinito? —Entonces no se lo digas a tu padre. Mira

