Sin dudarlo, Wanda colgó el teléfono. Recogió su bolso con rostro hosco y salió del despacho. Al mismo tiempo, el sonido crepitante de los teclados a su alrededor se detuvo por un momento. No fue hasta que la delgada figura de la mujer desapareció del despacho del presidente que el sonido de la discusión volvió a sonar junto con el tecleo del teclado. Sin embargo, Wanda ya no estaba de humor para pensar en los cotilleos de la oficina. Antes de entrar en el ascensor, el teléfono que tenían en la mano volvió a sonar. Era pleno verano, pero sentía frío por todas partes. Le temblaban los dedos. Volvió a colgar el teléfono, como si la persiguiera un fantasma y entró en el ascensor. Cuando llegó al garaje subterráneo, no recibió más llamadas, pero un nuevo mensaje de texto le dio ganas de

