Era raro que Sarah se enfadara tanto sin elegancia. Al ver esto, Cierra sonrió alegremente. Pensando en la llamada de la mañana, asintió con la cabeza. —Así es. Debe de estar loco. Es que no conocía a mucha gente cuando era joven. Era ciega y sólo me preocupaba por él. Ahora que lo pensaba, se emocionaba un poco. Estaba realmente atada por el compromiso verbal entre las dos familias. Sarah disfrutó del masaje de su hija en el hombro, sintiéndose satisfecha. —No pienses más en el pasado. Aún queda mucho camino por recorrer. Hay muchos jóvenes talentos en Los Ángeles. »Cuando te familiarices un poco con ellos, pídele a Jaquan que te saque más a menudo y asista a algunas subastas benéficas. ¿Entiendes? Hagámoslo de nuevo. Cierra sintió que le venía un dolor de cabeza, pero contestó o

