Cierra se quedó estupefacta y sin habla. Se quedó atónita durante un rato y pensó cómo negarse. —Señora Trevino, sé que me quiere, pero... —¿Por qué me sigues llamando así? No estoy contenta. Antes de que Cierra pudiera terminar de hablar, Sue la interrumpió. —Cierra, sé que todavía nos estás culpando. No tengas prisa en rechazarme, ¿vale? Podemos hablar de si me reconoces como tu madrina o no después de terminar los trámites del divorcio. En este momento, aún no os habéis divorciado del todo. No es mucho pedir que sigas llamándome mamá, ¿verdad? Al final de las palabras de Sue, había una insinuación de cuidadoso engatusamiento, lo que hacía difícil que Cierra se negara. Pero Cierra se resistía en su fuero interno, así que guardó silencio. No podía negarse y no estaba dispuesta a f

