Cierra siguió la voz y miró hacia atrás. Con los dedos enganchados en sus altos tacones, pisó descalza el suelo. Llevaba el pelo y la falda un poco desordenados, lo que la hacía parecer una frágil muñeca de porcelana. Su mirada enfureció aún más a Draven. Quizá porque no se daba cuenta de que la estaban seduciendo, o quizá porque la persona que estaba a su lado era William. —Gracias, Señor Trevino. No le llevará mucho tiempo comprarme un par en el centro comercial. No me importa, siempre que sea nuevo. Cierra no entendía por qué Draven estaba tan enfadado. Se arregló el pelo desordenado junto a la oreja y su delicado rostro estaba lleno de inocencia. En cuanto al hombre que estaba detrás de ella, comprendió la hostilidad entre los dos hombres. William miró el desastre de Cierra, se

