Luego de ir a buscar a Iván a su Jardín, me fui directo a la casa. A eso de las 10 de la mañana, mientras estaba dirigiendo una reunión con uno de mis accionistas, un dolor de cabeza me había perforado, y no me había abandonado. Aún así, me esforcé en dibujar una sonrisa en mi boca cuando vi a mi hijo corriendo con su mochila en la espalda y su delantal mal abotonado. Sonreí porque lo amaba. De repente recordé a Omar... También lo amaba, pero lamentablemente aún no podía sonreír por él. Sabía que lo volvería a hacer, porque cuando me proponía las cosas, las lograba, pero no pensaba que fuera un camino tan fácil. Le había ocultado a su hijo, y aunque sabía que igual él pudo haberlo, o habernos, buscado y no lo hizo, no era responsabilidad suya. De haber estado en su caso, me hubiese cam

