—Pero… en la historia, él lobo no se come a caperucita, si no a la abuela. —Desconozco esa historia. En la mía, el lobo se la come mientras la abuela duerme. Y porque ella así lo quiere —dice mordiendo mi labio—. ¿Quieres seguir perdiendo el tiempo, o descubrir cómo me la como? —Quiero… quiero descubrirlo —digo sin más. Cierro los ojos para esperar su beso, no obstante, se aleja y me lleva de la mano hacia la alberca. No pregunto dónde vamos, porque con lo que dice me queda claro. —Iremos a terminar lo que empezamos, en el sitio donde lo dejamos. Mientras me lleva de la mano hacia el estudio de arte miro hacia tras por si mi madre o alguien nos esté viendo. Este hombre camina con tanta tranquilidad como si lo que estuviera a punto de hacer, fuera normal. Estoy por arrepentirme, pero t

