Suspiró gustosa cuando las fuertes manos de su novio la rodearon por completo y la estrujaron contra su pecho de una forma abraciba, se sentía también estar en ese pequeño espacio de confort, olisqueando a su hombre. Oliver acababa de llegar de trabajar, a pesar de dar una cena ese día, no dejaba las obligaciones, le encantaba lo responsable y trabajador que era, aun a pesar del cansancio. ¿Podía pedir mejor hombre? La respuesta era clara, claro que no, por que el ya lo era. —Te ves hermosa, nena. Te extrañé mucho —El azabache musitó besado su cien con mucha dulzura, sus palabras eran genuinas, a pesar de que todo el tiempo se la pasaban mandando mensaje se extrañaban mutuamente, estaba feliz de ver a su novia, así tan radiante como de costumbre, siempre le había gustado como Laura olía,

