Tragué tan fuerte que me dolió la garganta, las palabras se me atoraron y la tranquilidad que aparentaba se estaba esfumando. Los miles de diálogos que había practicado para este momento habían pasado a mejor vida, no existían. Escuchar como Daniel pronunciaba el nombre de Cédric con desdén y como me observaba con desprecio me habían dejado en shock. Aprovechó mi silencio para seguir atacándome. —Sabes que sólo te está utilizando, ¿verdad? —Dio un paso hacía mí y yo retrocedí. Nos encontrábamos en el juego del gato y el ratón—. ¿Creíste que alguien como él se enamoraría de ti? ¡Eres tan patética! —Me observó con desagrado de pies a cabeza. Su mirada penetrante me hizo sentir más insignificante que la de Declan la primera vez que lo conocí. Me hizo sentir inferior, insignificante, e

